| Valores, ¿cuáles valores? Los valores religiosos y morales son y deben ser los más importantes, porque se refieren a la dimensión decisiva de la existencia humana. Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Forum libertas | |
La educación en los valores está de moda. La familia y la escuela, los gobiernos y diversos grupos sociales buscan enseñar y promover valores entre la gente, sobre todo entre los niños, adolescentes y jóvenes, aunque también entre los adultos. La pregunta resulta necesaria: ¿cuáles valores? La lista de valores es inmensa. Existen, además, valores que son más apreciados por algunos pueblos y culturas, mientras que otros valores son menos apreciados. Los valores enseñados en el pasado no son los mismos que los enseñados en el presente. Para responder, resulta necesario aclarar qué es “valor”. Se trata de una propiedad o una dimensión que descubrimos en “algo” y que perfecciona a quien escoge ese “algo”. La definición es intencionalmente abstracta. Bajémosla a algunos ejemplos. Juan y Matilde tienen hambre. En la nevera encuentran quesos y jamones, tomates y pescado congelado. Cada uno de esos alimentos puede satisfacer, de modos distintos, el hambre de Juan y de Matilde: es “valioso” para empezar a comer. Si, además, alguno de esos alimentos es más saludable y permite cumplir con una dieta impuesta por los médicos, su “valor” aumenta, sin que el alimento haya cambiado, porque “perfecciona” más a quien lo come desde su situación particular. En palabras más sencillas, el valor de “algo” (un objeto, una idea, un acto, una persona) consiste en su poder perfeccionar a alguien, a quien escoge ese “algo”, y mucho (no todo) depende de quién es ese alguien que escoge ese “algo”. Nos damos cuenta de que existen un número inmenso de valores. El balón de fútbol tiene un valor muy grande para miles de niños, mientras que interesa muy poco a muchos ancianos. El color de la ventana es un valor para dos recién casados. El trabajo realizado con gusto es un valor para el campesino, el oficinista o el conductor de camiones. La participación en misa todos los domingos es un valor para los católicos que quieren vivir en serio su fe. Entre la multitud de valores, descubrimos que unos son más importantes, más hermosos y más nobles, porque llegan a aspectos centrales del corazón humano. Otros valores, en cambio, tienen una importancia menor, porque quedan en lo periférico, o porque producen un resultado muy pobre (el placer o la autocomplacencia son resultados efímeros y vanos de quien escoge valores empobrecedores), o porque satisfacen un deseo pero dañan al mismo tiempo dimensiones profundas de las personas. ¿No es un valor conseguir más dinero, pero no es un daño enorme conseguir ese dinero a través de un fraude? Las diferencias que existen entre los valores permiten establecer una jerarquía entre los mismos. Hay valores más importantes y otros más accesorios. Hay valores que llegan al espíritu y otros que miran sobre todo al cuerpo. Hay valores que promueven la unión y la armonía entre los hombres y otros que llevan al egoísmo y a la violencia. Hay valores que sirven sólo para la vida terrena y otros que llegan a la vida que existe tras la muerte. Cuando entendemos lo que es un valor, descubrimos que casi siempre está acompañado por un “antivalor” o un “desvalor”. El valor de la solidaridad encuentra su antivalor en la insolidaridad. El valor del respeto tiene su correspondiente antivalor en el desprecio, etc. A lo largo del siglo XX algunos filósofos elaboraron listas de valores y establecieron una escala de los mismos. Como un ejemplo, tomado del P. Joseph de Finance (1904-2000), podemos clasificar los valores en estos grupos: a. Valores infrahumanos: existen realidades que valen para el ser humano en su dimensión más periférica. Por ejemplo, el placer, la fuerza física, la salud. Como dijimos, cada uno de esos valores tiene sus antivalores (el dolor, la debilidad, la enfermedad, etc.). b. Valores económicos y “eudemónicos”: realidades con las que el hombre cree alcanzar cierta ganancia o beneficio desde el cual puede luego conquistar otras metas. Por ejemplo, el valor de la prosperidad, del triunfo, del dinero, etc. c. Valores espirituales: realidades que valen porque permiten al hombre satisfacer sus deseos más profundos como persona, el conocer y el amar. Aquí encontramos los siguientes grupos de valores: del conocimiento (la verdad, la perspicacia, la memoria), de la experiencia estética (la belleza), de la vida social (la cohesión, la armonía, la solidaridad). También entran aquí los valores de la voluntad (fuerza de carácter, constancia). Algunos de estos valores se poseen de modo casi espontáneo; otros sólo pueden ser alcanzados después de un largo trabajo de formación y de esfuerzo. d. Valores morales: son valores que tocan al ser humano en lo más profundo de sí mismo, en el uso de su libertad, en su responsabilidad. La enumeración podría ser larga, pero podemos mencionar los siguientes: la bondad de corazón, la rectitud de conciencia, la sinceridad, la autenticidad, la lealtad, la laboriosidad, la fidelidad, la generosidad, la servicialidad, la magnanimidad, la justicia, la honradez, la gratitud, etc. e. Valores religiosos: son valores que se refieren a nuestras relaciones con Dios. Aquí podemos mencionar, por ejemplo, el valor de la oración, de la piedad, de la veneración, etc. Si analizamos algunos programas para educar en los valores, notamos en seguida la ausencia de muchos de los valores que acabamos de mencionar, y la presencia de otros valores que tienen su importancia, pero que no son esenciales para la vida humana. Por ejemplo, se habla mucho de la tolerancia, del respeto, de la apertura, del diálogo. Pero se olvida que cada uno de esos valores (a veces son virtudes) están relacionados o dependen de otros valores (y virtudes) sin los cuales no se consigue nada. En otros programas hay cierta confusión, pues aparecen como superiores valores que son inferiores, si es que no se llega a mezclar valores y antivalores. Hablar, por ejemplo, del valor del sexo como si cualquier acto sexual fuese “valioso” por el hecho de producir un placer es no sólo contraproducente sino dañino, y lleva a consecuencias dramáticas al fomentar el desenfreno y la adicción (dos antivalores) en no pocos adolescentes. Una sociedad que haga de la belleza física, de la “línea” (aparecer ante los demás con una figura juvenil), de la fuerza o del dinero los valores más importantes ha perdido la cabeza y avanza hacia su desintegración profunda, con consecuencias funestas en las vidas de miles de personas. Para evitar esos errores, cualquier auténtica educación en los valores necesita reflexionar seriamente sobre lo que es el hombre y sobre aquellos bienes valiosos que le permiten acometer su existencia humana de modo correcto y bueno. Sólo con una buena antropología podemos reconocer la jerarquía de valores que pone a cada cosa en su sitio. Los valores religiosos y morales son y deben ser los más importantes, porque se refieren a la dimensión decisiva de la existencia humana: su relación temporal y eterna con Dios y con los otros seres humanos. Luego siguen los valores del espíritu, que incluyen la disciplina mental para acceder a la verdad, para “retenerla” con una buena memoria y expresarla de modo claro y honesto; la fuerza de voluntad, que permite comprometerse en el trabajo, en el estudio o en las mil actividades de la vida familiar; la solidaridad, que lleva a los hombres a unir sus esfuerzos en la construcción de un mundo más acogedor; la justicia, que permite no sólo respetar los acuerdos o los derechos ajenos, sino promoverlos allí donde todavía son pisoteados... La lista podría ser muy larga, pero da una idea de lo urgente que es elaborar buenos programas de formación en los valores. Una sociedad que sepa proponer un programa exigente y completo de valores, apoyados y vividos desde una educación para la virtud, permitirá que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos maduren cada día en su humanidad, vivan abiertos a los demás, y se preparen en serio a la meta en la que se decide, para siempre, el bien verdadero de cada uno de nosotros: el encuentro eterno con Dios. ¿No debería ser esa la señal inequívoca de que hemos sabido ofrecer un buen programa de formación en los valores? |
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miércoles, 24 de agosto de 2011
Valores, ¿cuáles valores?
sábado, 5 de febrero de 2011
Los fenómenos sobrenaturales
| Al referirnos a fenómenos sobrenaturales hacemos relación a lo que trasciende lo natural, lo que está más allá de las leyes normales Autor: Jorge Enrique Mújica | Fuente: Virtudes y Valores | |
En la vida de san Juan María Vianney, cura de Ars, escrita por Francis Trochu leemos lo siguiente: «Un joven de Lyon se había apenas confesado cuando el santo le dice: - Amigo, no has dicho todo. - Ayudadme vos, Padre: no puedo recordar todas mis faltas. - ¿Y aquellas candelas que robaste de la iglesia de San Vicente?. Era verdad, pero lo había olvidado». En otra ocasión, una mañana durante la misa, una señora se presentó a recibir la comunión. El santo pasó dos veces cerca de ella sin dársela. A la tercera vez le dice la señora en voz baja: - «Padre mío, no me has dado la comunión». - «No hija mía; esta mañana has comido algo». Entonces la señora se acordó de haber comido un poco de pan. A fines del s. XIX, el doctor Imbert, profesor de medicina en Clermont-Ferrand, describió ampliamente un testimonio acerca de Luisa de Lasteau, hoy beata, y su facilidad sobrenatural para reconocer los objetos sagrados (ierognosis): «Se le presentaba una reliquia, aunque fuese de un siervo de Dios no beatificado, y sonreía satisfacida, pronta a besarla. Lo mismo hacía con los objetos benditos aunque tuvieran forma profana, mientras se mostraba insensible por los objetos no bendecidos aunque fuesen imágenes sacras. Un sacerdote vestido de civil, le presentó un crucifijo sin bendecir y no le causó impresión. Después, con su mano consagrada, trazó sobre la cruz la bendición y se lo volvió a mostrar; entonces Luisa mostró su característica sonrisa al sacerdote. Los presentes exclamaron: ¡qué sublime es la bendición del sacerdote!» Es común hallar en librerías una abundante literatura que intenta explicar, acertada o erróneamente, fenómenos sobrenaturales extraordinarios que por su relación con la fe, su impacto real, atractivo o de simple curiosidad, llaman enormemente la atención. Y no es para menos: profecía, poder de sanación, discernimiento de espíritus, don de lenguas, visiones, revelaciones, habilidad infusa para el ejercicio de las artes, ciencia, estigmas, lágrimas o sudor de sangre, privación del sueño, bilocación, levitaciones, sutilezas, luminosidad... son temas que dejan un deseo de profundización mayor. Al referirnos a fenómenos sobrenaturales hacemos relación a lo que trasciende lo natural, lo que está más allá de las leyes normales como el no poder volar por nosotros mismos o conocer lenguas sin antes haberlas estudiado. La causa sólo puede ser Dios aunque la propia naturaleza o el Demonio pueden imitar algunos de estos fenómenos para confundir cuando en realidad no son tales. Los fenómenos sobrenaturales se manifiestan con los así llamados fenómenos místicos. Estos de deben a gracias regaladas por Dios que quiere ofrecer una posibilidad de unión más íntima con él al alma que los recibe o manifestar externamente al mundo el misterio de su acción omnipotente no explicable a la ciencia. Las causas puramente naturales tienen como fuente elementos de orden fisiológico (temperamento, sexo, edad), la imaginación, los estados depresivos del espíritu (trabajo intelectual absorbente, meditación religiosa mal regulada, excesiva austeridad) y las enfermedades. Estas llevan a confundir con fenómenos "sobrenaturales" lo que en realidad se puede explicar naturalmente. Es de fe que existen los demonios quienes, por permisión divina, influyen sobre algunos hombres. Sin embargo, la voluntad humana permanece siempre libre. El demonio no puede producir verdaderos fenómenos pues es gracia exclusiva de Dios (resucitar un muerto, curar instantáneamente heridas, traslocaciones, profecías, conocer los pensamientos, crear, violar las leyes de la naturaleza como la gravedad, etc.) pero sí puede falsificar visiones, éxtasis, esplendores y rigidez en el cuerpo, ardores en el corazón, curación de enfermedades producidas por él mismo, hacer aparecer estigmas, esconder objetos y moverlos. La acción divina, que es de donde provienen los auténticos fenómenos, se desarrolla principalmente en el intelecto, en la voluntad y en el organismo de aquellos que la experimentan. De ahí que los grandes fenómenos se clasifiquen en tres grupos: de orden cognoscitivo, de orden corporal y de orden afectivo. Fenómenos de orden cognoscitivo Las visiones, referidas estrictamente al sentido de la vista, son percepciones de objetos mediante los ojos corporales. Hay tres tipos de visiones:
2) las imaginarias, que son representaciones sensibles internas circunscritas a la imaginación 3) las intelectuales, en las que se produce la visión por medio de la inteligencia, sin impresión o imagen sensible.
2) imaginarias (se perciben con la imaginación durante el sueño o la vigilia) 3) intelectuales (las que se dejan oír directamente en el intelecto sin el concurso de los sentidos) que es como se comunican los ángeles.
2) universal: la dada por la Sagrada Escritura. Por discernimiento de los espíritus se entiende el conocimiento sobrenatural de los secretos del corazón comunicados por Dios a sus siervos. Fue el caso del cura de Ars. En esta categoría también entra el descifrar y aclarar si otros fenómenos vienen o no de Dios. La ierognosis es el conocimiento de lo que es sagrado manifestado en el poder o facultad que tuvieron algunos santos para reconocer las cosas santas y distinguirlas de las profanas. Este fue el caso de la beata Luisa Lausteau. Otros fenómenos de conocimiento son la ciencia infusa universal (como el caso de Gregorio López (1562-1596) que sin estudio alguno, poseía un bastísimo conocimiento de la Sagrada Escritura, la historia de la Iglesia y los principios de la vida espiritual), el conocimiento sobrenatural de teología(los casos de santa Gertrudis y santa Catalina de Siena, luminarias de la mística), habilidad infusa para el ejercicio de las artes (por ejemplo san Francisco de Asís y Jacopone da Tordi, compositor del «Stabat Mater», para la poesía; santa Catalina de Bolonia, para la música; el beato Angélico da Fiesole para la pintura, etc.) Fenómenos místicos de orden corporal El primer caso documentado de una persona estigmatizada fue el San Francisco de Asís, quien recibió los estigmas en un éxtasis que tuvo el 17 de septiembre de 1224. Después de él se han multiplicado los casos. Quizá hubieron estigmatizados antes de San Francisco. No lo sabemos. En 1894 se publicó en París el libro «La estigmatisation». En él, el doctor Imbert-Gourtbeyre, quien estudió con competencia y atención el tema, enumera hasta 321 casos de estigmatizaciones verdaderas en la historia. De esos 321 estigmatizados 62 fueron canonizados (42 hombres y 9 mujeres). Por el tiempo y por la resonancia, nos es muy cercano el caso de San Pío de Pietrelcina, de cuyas llagas emanaba, además, un olor muy agradable. Estamos ahora de frente a los fenómenos místicos de orden corporal. Éstos se reflejan principalmente sobre el organismo, en cualquiera de sus funciones vitales o en diferentes aspectos de su actividad y manifestaciones exteriores, como recuerda el P. Royo Marín. Estos son los principales: Los estigmas consisten en la aparición espontánea de llagas sanguinolentas en manos, pies, costado izquierdo, en la cabeza o en la espalda. Pueden ser visibles o invisibles. Muchos han tratado de dar una explicación racionalista al fenómeno atribuyéndolo al fanatismo. Es verdad que la imaginación puede ejercer una posible influencia psíquica, pero jamás será capaz de producir heridas físicas visibles. Bastaría hacer un ejercicio simple para darse cuenta de la imposibilidad: si se fija la vista en alguna parte del cuerpo y se piensa, con todas las fuerzas, que se quiere una herida visible en el costado; se podrá pasar todo un día y no se logrará. Los hechos hablan por sí solos. También existen los estigmas diabólicos. ¡Sí, el demonio es capaz de producirlos! Si en el orden natural, en base a la hipnosis y a la sugestión, se han llegado a producir manifestaciones similares en sujetos desequilibrados, neuróticos o histéricos, cómo no iba a poder producirlos el demonio. El sudor de sangre consiste en la expulsión, en cantidad considerable, de líquido sanguinolento a través de los poros de la piel, particularmente los de la cara. Las lágrimas de sangre son una efusión sanguinolenta a través de la mucosa de los ojos. En el caso del sudor de sangre, el hecho histórico por excelencia es el de Nuestro Señor Jesucristo referido por San Lucas en el capítulo 22, versículo 44, de su Evangelio. Tras Jesucristo, un número pequeño de santos y personas pías han tenido sudor de sangre: santa Ludgarda (1182-1246), la beata Cristina di Stumbeln (1242-1312), Magdalena Morice (1736-1769), María Domenica Lazzari (1815-1848), Caterina Putigny (1803-1885). Los casos de lágrimas de sangre son más raros aunque hay registrados dos casos muy famosos, el de Rosa María Andriani (1786-1845) y el de Teresa Neumann a mediados del siglo pasado. La renovación o cambio de corazón es un fenómeno registrado en la historia de la mística y muy sorprendente. Consiste en la extracción del corazón de carne y en la sustitución con otro que es el de Cristo mismo. Son famosos los casos de las santas Catalina de Siena, Ludgarda, Gertrudis, María Magdalena de Pazzi, Caterina de Ricci, Juana de Valois o Margarita María de Alacoque. Así describía el confesor de santa Catalina de Siena el fenómeno de la sustitución de corazón: «Se encontraba un día en la capilla de la iglesia de los hermanos predicadores en Siena... Recuperada del éxtasis se puso de pie para regresar a casa. Una luz del cielo la envolvió y en la luz apareció el Señor que tenía en su mano un corazón humano, verdadero y esplendoroso... El Señor se le acercó, abrió el pecho de ella por la parte izquierda e, introduciéndole Él mismo el corazón que tenía en las manos, le dice: "Querida hijita, como el otro día tomé tu corazón, he aquí que te doy el mío con el cual siempre viviréis”. De lo dicho queda la apertura que le hizo en el costado; en signo del milagro ha quedado en aquel lugar un cicatriz, como me han asegurado a mí las compañeras que han podido verla. Queriendo saber la verdad de lo sucedido, ella misma fue obligada a confesármelo». El ayuno absoluto. Está demostrado que el hombre puede sobrevivir naturalmente en una abstinencia total de alimento prolongada sólo por algunas semanas. En 1831 un condenado a muerte, Garnié, rehusó tomar alimentos a excepción de un poco de agua. Murió después de 63 días. Pesaba sólo 26 kilos. En la Iglesia, los casos más notables de ayuno absoluto son los de santa Catalina de Siena (cerca de ocho años), santa Ludovina de Schiedman (28 años), las beatas Caterina de Raconigi (diez años), Domenica Lazzari y Luisa Lasteau (14 años). Todas ellas llevaban una vida normal e incluso muy activa. Sin embargo el ayuno por sí mismo no prueba la santidad pero sí la Iglesia reconoce en algunos de sus santos un privilegio similar dado por Dios como recompensa por sus virtudes. La vigilia o privación prolongada del sueño es análogo al precedente. Los casos más notables son los de san Macario de Alejandría quien pasó 20 años continuos sin dormir. Santa Coleta dormía una hora a la semana y una vez en su vida permaneció un año sin dormir. San Pedro de Alcántara dormía hora y media al día por cuarenta años, como testimonió santa Teresa de Jesús. Santa Rosa de Lima limitaba a dos horas el tiempo concedido para el reposo y santa Catarina de Ricci no dormía más que dos o tres horas por noche. Los médicos y los fisiólogos coinciden en el decir que sin salir de las leyes normales de la naturaleza orgánica no se puede privar a una persona del sueño. Las largas vigilias y abstinencias se encuentran sobre todo entre los contemplativos. La agilidad consiste en la traslación corporal casi instantánea de un lugar a otro, a veces remotísimo del primero. Es diferente a la bilocación porque no hay simultaneidad de presencia en ambos lugares sino únicamente traslación de un lugar a otro. En la mismísima Biblia leemos que el diácono Felipe fue trasportado por el Espíritu de Dios a la ciudad de Azoto después que instruyó y bautizó sobre el camino de Jerusalén a Gaza al eunuco Candace (Hechos de los apóstoles 8, 39-40) aunque quizá sea más famosos el caso de Habacuc, trasportado por el ángel de Judea a Babilonia para que llevase alimento a Daniel en la fosa de los leones (Dan 14, 33-39). Otros santos conocidos también la ha tenido: santa Teresa contaba que san Pedro de Alcántara se le aparecía, aún viviente, varias veces. También san Felipe Neri se aparecío muchas veces mientras estaba en vida. San Antonio de Padua llegó a hacer, en una sola noche, el viaje de Padua a Lisboa; y regresó en la misma noche. En la vida de san Martín de Porres se narran prodigios de este tipo. La bilocación es uno de los fenómenos más sorprendentes de la mística y uno de los más difíciles de explicar a menos que se recurra al milagro. Consiste en la presencia simultánea de una misma persona en dos lugares diversos. Se han dado muchos casos en la historia de la vida de los santos. Entre los más conocidos están los de san Francisco de Asís, san Antonio de Padua, san Francisco Xavier, san Martín de Porres, san José de Cupertino o san Alfonso María de Ligorio. De san Alfonso María se lee en su proceso de canonización que el 21 de septiembre de 1774, mientras estaba en Arienzo, pequeña villa de su diócesis, cae en una especia de desvanecimiento. Permanece cerca de dos días inmerso en un dulce y profundo sueño, sentado sobre un sillón. Uno de sus siervos habría querido despertarlo, pero su vicario general, D. G. Nicola de Rubino, ordenó que lo dejaran reposar. Cuando se despertó, el santo sonó la campana. Acudieron prontamente sus familiares. Viéndolo grandemente agitado le preguntaron: -«¿Qué te sucede?, son dos días en que no has hablado ni dado ninguna señal de vida». Él respondió asegurando que había ido a asistir al Papa que acababa de morir hace una hora. Poco tiempo después llegó la noticia de la muerte de Clemente XIV, acaecida el 22 de septiembre a la una de la tarde, momento preciso en el que el santo había sonado la campanilla. San Alfonso fue visto en ambos lugares contemporáneamente por una multitud de testigos. Las levitaciones consiste en la elevación espontánea del suelo y en el mantenimiento del cuerpo humano sin ningún apoyo y sin causa natural visible. Por regla, le levitación mística se verifica mientras el paciente está en éxtasis y, si el cuerpo se eleva un poco, se llama éxtasis ascensional; si se eleva a gran altura, recibe el nombre de vuelo extático; y si comienza a andar velozmente a ras del suelo, pero sin tocarlo, se llama marcha extática. En el proceso de canonización de san José de Cupertino se registran más de sesenta casos de levitación. Fue visto volar sobre el púlpito de la iglesia, por los muros y delante de un crucifijo o una imagen pía; aterrizar sobre el altar o cerca del tabernáculo; sostenerse como un pájaro sobre ramas débiles; hacer saltos de grandes distancias. Una palabra, una mirada, la mínima cosa en relación con la piedad, le producía estos transportes. En un periodo de su vida llegaron a ser tan frecuentes que sus superiores debieron exceptuarlo del rezo común en el coro para que, contra su voluntad, no interrumpiera ni perturbase las ceremonias de la comunidad con sus vuelos extáticos de los cuales muchas personas fueron testigos, entre ellos el Papa Urbano VIII y el príncipe protestante Juan Federico de Brunswick, el cual no sólo quedó impresionado sino que se convirtió al catolicismo y vistió el sayal franciscano. Está claro que la simple naturaleza no puede alterar las leyes de la gravedad, siempre fijas y constantes. La Iglesia ha explicado este fenómeno como una anticipación del don de agilidad propia de los cuerpos gloriosos. Las sutilezas consisten en el paso de un cuerpo a través de otro. En el momento del tránsito supone la compenetración o coexistencia de los dos cuerpos en un mismo lugar. Este prodigio se verificó en la persona de Jesús cuando a puertas cerradas se presentó a sus discípulos, como narra san Juan en los versículos 20-26 del capítulo 19 de su Evangelio. También es célebre el caso de san Raymundo de Peñafort que entró en su convento de Barcelona a puertas cerradas. Las luces o esplendores son ciertos esplendores que algunas veces irradian los cuerpos de los santos sobre todo durante la contemplación o el éxtasis. Este fenómeno se verificó en san Luis Beltrán, san Ignacio de Loyola, san Francisco de Paula, san Felipe Neri, san Francisco de Sales, san Carlos Borromeo, san Juan María Vianey, etc. Es uno de los más frecuentes entres los grandes santos. El perfume sobrenatural (osmogenesia) consiste en un cierto perfume de exquisita suavidad y fragancia que emana del cuerpo mortal de los santos o del sepulcro donde reposan sus restos. Se trata de un aroma singular que nada tiene de común con los perfumes terrenos. Los testigos que lo han experimentado no encontraron analogías para hacer entender la suavidad y fragancia de un aroma inconfundible jamás sentido en la tierra. El perfumero de la corte de Saboya fue enviado un día al convento de la beata María de los Ángeles para que buscase individuar la naturaleza del olor que la sierva de Dios emanaba. Debió confesar que no se asemejaba a ninguno de los perfumes de esta tierra. Las religiosas, sus compañeras, lo llamaban “olor de paraíso o de santidad”. Han exhalado suave olor las reliquias o los sepulcros de san Francisco de Asís, santo Domingo de Guzmán, santo Tomás de Aquino, santa Rosa de Lima, santa Teresa, santa Francisca Romana, etc. Fenómenos de orden afectivo Quedan aún por explicar un tercer tipo de fenómenos, los de orden afectivo. Se consideran tales, prevalentemente, dos tipos: los éxtasis místicos y los incendios de amor. Algunos estudiosos llaman a este tercer tipo de fenómenos, psico-fisiológicos pues tienen, en buena medida, su raíz principal en la voluntad; de ahí que algunos autores los clasifiquen entre los fenómenos de orden orgánico. Los éxtasis místicos no son gracias gratis dadas por Dios. Entran en el desarrollo normal de los grados de oración mística y constituyen un fenómeno normal en el desarrollo de la vida cristiana. Pero como su aspecto exterior es espectacular, presenta ciertas semejanzas con los fenómenos de tipo extraordinario que se han mencionado. Los incendios de amor son un hecho comprobado en la vida de algunos santos en los que el amor hacia Dios se manifiesta algunas veces hacia el exterior bajo la forma de fuego que quema, incluso materialmente, la carne y la ropa cercana al corazón. Esta manifestación se produce en grados diversos:
2) Ardores intensísimos: el fuego del amor divino puede llegar a tal intensidad que a veces es necesario recorrer a refrigerantes para poderlo soportar. Se cuenta de san Estanislao de Kotska, que era tan fuerte el fuego que lo consumía, que en pleno invierno era necesario aplicarle sobre el pecho paños empapados de agua helada. Santa Caterina de Génova no podía acercar su mano al corazón sin experimentar un calor intolerable. 3) La quemadura material: cuando el fuego del amor llega a producir incandescencias, las quemaduras se realizan plenamente. Es lo que se llama a pleno título incendios de amor. El corazón de san Pablo de la Cruz, fundador de los pasionistas, ardía de tal manera, que más de una vez su túnica de lana aparecía completamente quemada por la parte del corazón. El beato Nicolás Factor, religioso franciscano, incapaz de soportar el fuego que ardía en su corazón, se hechó un vaso de agua helada en pleno invierno. Consta en su proceso de beatificación que el agua, inmediatamente, se evaporó. La naturaleza prodigiosa de todos estos fenómenos exige recurrir a lo sobrenatural para poder ser explicados. Este recurso, indiscutiblemente, demuestra la grandeza infinita de Dios el cual esparce a manos llenas sus tesoros. Es fácil recurrir a lecturas que intentan, acertada o erradamente, para bien o para confusión del lector, explicar estos casos que son verdaderamente atrayentes. Este texto es una buena guía para no perder el norte y tampoco dejarse engañar. Preguntas y comentarios al autor de este artículo Consultorios en línea. Dudas personales, asesoría doctrinal y espiritual, vocacional, problemas familiares... Foros de Catholic.net BIBLIOGRAFÍA: Introducción a los fenómenos. Gemino. Fenómenos. Arato. Biblioteca Clásica Gredos Ed. Gredos, S.A. Madrid, 1993 Teología della perfezione cristiana. Antonio Royo Marín. 10ª edición 1997. Edición San Paolo. Edizione italiana a cura di G. Pettinati, S. Pienotti, A. Girlanda. Págs. 1026-1132 Dizionario di mística. A cura di I. Borriello - E. Caruana - M.R. Del Genio - N. Suffi Libreria editrice vaticana 1998 Summa daemoniaca, José Antonio Fortea, Contenidos de Formación Integral. Segunda edición: diciembre de 2003. México. Compendio de Teología Ascética y Mística, Tanquerey. Ediciones Palabra, Madrid, 1990. El respeto al misterio. Revista Alférez. Madrid, 30 de abril de 1948 Año II, números 14 y 15 [página 10] Los grandes maestros de la vida espiritual. Historia de la espiritualidad cristiana. A. Royo Marin. BAC, Madrid, 1973. |
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lunes, 13 de diciembre de 2010
La baja natalidad es la base de la crisis económica
| La baja natalidad es la base de la crisis económica Esta crisis tiene su origen en el hecho de que hemos negado la vida, no hemos tenido hijos, o además de no tenerlos, incluso los hemos matado, y por tanto hemos reducido el crecimiento de la población por debajo de los ritmos naturales Autor: Ettore Gotti Tedeschi | Fuente: http://www.forumvida.org | |
En las decenas de debates en los que he participado sobre la actual crisis económica en los últimos dos años, raramente he oído afrontar el problema de sus orígenes y de su realidad histórica. Por ello intentaré razonar sobre estos temas de una forma que no es habitual. El origen de esta crisis económica no reside en el uso equivocado de instrumentos financieros por parte de banqueros o políticos o financieros. Esta crisis tiene su origen en el hecho de que hemos negado la vida, no hemos tenido hijos, o además de no tenerlos, incluso los hemos matado, y por tanto hemos reducido el crecimiento de la población por debajo de los ritmos naturales, penalizando gravemente el crecimiento económico, el desarrollo, el bienestar. ¿Por qué razón estas cosas no se dicen? No de dicen porque se consideran de carácter moral. Y todo lo que es de carácter moral no se considera porque aparentemente no es científico. Como afirma también el Papa Benedicto XVI en la Caritas in Veritate, el origen de esta crisis es de carácter moral: se ha negado la vida. En el primer capítulo de la encíclica, el Papa recuerda las dos encíclicas de Pablo VI, Populorum Progressio (1967) y Humanae Vitae (1968). Pablo VI sugería que una lógica de desarrollo económico no podía prescindir del valor del hombre y por tanto del valor de la vida, y que el desarrollo debía ser integral para el hombre y no sólo material. De hecho, en la Caritas in Veritate, Benedicto XVI expone con una racionalidad extrema el hecho de que la consecuencia del no respeto a la vida y a un desarrollo integral del hombre ha generado una forma de nihilismo y un alejamiento de la cultura contemporánea de toda forma de verdad o de principio de referencia. Este reduccionismo ha influenciado a la economía, las finanzas, la política, hasta el punto de conseguir una forma de autonomía moral que se ha convertido en enemiga del hombre. Sobre las razones del derrumbe del desarrollo económico que ha llevado a esta crisis, ya en 1968, en la Universidad de Stanford, el profesor Paul Ralph Ehrlich comenzó a proponer una teoría neo-malthusiana suya según la cual si el crecimiento de la población hubiese continuado al ritmo de los últimos años, habría provocado un fenómeno que fue considerado aterrados en su momento: es decir, centenares de millones de personas antes del año 2000 habrían muerto de hambre por la falta de recursos. Algunos años después, en un libro titulado “Los límites del desarrollo”, elaborado y propuesto por el Club de Roma y por muchos otros círculos similares, volvía a proponer las profecías catastróficas de Ehrlich, sosteniendo que la tasa de crecimiento de la población era demasiado alta, que había que detenerla, de lo contrario decenas de millones de personas morirían de hambre antes del año 2000 en Asia, en China y en India. Imaginaos un poco: no sólo no han muerto de hambre, sino que han llegado a ser más ricos que nosotros, hasta el punto de sostener en pie nuestra economía. ¿Y quién ha producido esta riqueza? Ha sido precisamente el crecimiento de sus poblaciones. ¿Qué provoca un sistema económico que no tiene hijos? Me limito solo a mi conocimiento de los hechos y exclusivamente a las “cunas vacías”. Los “no nacimientos” provocan una forma de congelación del número de la población y en consecuencia el aumento de los costes fijos de una estructura económica. En los años 70 el mundo estaba dividido convencionalmente en cuatro grandes áreas: el mundo desarrollado, cerca de mil millones de personas, con Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa; después estaba el segundo mundo, el del bloque soviético; después estaba un mundo en vías de desarrollo; y finalmente, el cuarto mundo, en condiciones de grave subdesarrollo. En aquellos años, el llamado mundo desarrollado, a causa de las teorías neo-malthusianas, bloqueó el crecimiento de la población de un 4-4,5% a una bajada progresiva hasta el 0% de los años Ochenta, sobre todo en Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón. ¿Sabéis que significa crecimiento cero? Uno piensa: ¡no se tienen hijos! No, crecimiento cero quiere decir que se tienen dos hijos por pareja, que es la tasa de sustitución. El crecimiento cero provoca la congelación del número de una población y cambia su composición: hay menos jóvenes que acceden al mundo del trabajo y de la productividad, y más personas que salen del mundo del trabajo por ancianidad. Esto provoca por un lado una menor productividad, un detenimiento del ciclo del desarrollo social, por tanto se casan menos parejas, menos parejas tienen hijos, y por otro aumentan los costes fijos. Porque las personas que envejecen tienen un coste mayor como pensiones y como sanidad, Este es un fenómeno que fue ignorado completamente. El crecimiento cero provoca la imposibilidad de reducir los impuestos porque aumentan los costes fijos: en 1975 el peso fiscal en Italia era del 25% del producto interno bruto, hoy es el 45%. El fenómeno de las cunas vacías no sólo frena completamente el crecimiento, sino que hace caer la tasa de acumulación del ahorro, porque una familia con un solo hijo tiende a no ahorrar, pierde motivaciones y no ve grandes perspectivas. ¿Qué hizo nuestra civilización desarrollada para compensar la caída del desarrollo consiguiente a la caída de los nacimientos? Llevó a cabo dos intervenciones concretas de carácter económico: el aumento de la productividad; y la deslocalización productiva. El aumento de la productividad a través de la innovación tecnológica, intentando producir más para hacer crecer más la tasa de desarrollo. La segunda estrategia fue la deslocalización productiva, es decir, la transferencia a Asia de una serie de producciones de bajo coste con el objetivo de obtener bienes que costaban menos y que hacían aumentar el poder adquisitivo. Pero tampoco esto bastó. Entonces se adoptó el llamado sistema de crecimiento a débito, haciendo endeudarse al sistema económico y sobre todo a las familias. Os doy dos números: desde 1998 hasta 2008 el endeudamiento del sistema “Italia” ha crecido del 200% al 300% del PIB, es decir, un 50%. Todo esto para sostener una tasa de crecimiento que prescindía completamente de los nacimientos y del crecimiento de la población. Pero fue aún peor en los Estados Unidos, cargados también por exigencias de presupuesto militar. En los últimos 10 años, desde 1998 hasta 2008, el peso del endeudamiento de las familias americanas sobre el PIB pasó del 68% al 96%, es decir, 28 puntos porcentuales. 28 dividido entre diez hace 2,8 al año de crecimiento debido completamente a la tasa de endeudamiento de las familias: es decir, las familias, para sostener los consumos y el crecimiento económico del PIB se han endeudado hasta un nivel insostenible. Las familias se han encontrado siendo ellas subsidiarias del Estado, en lugar de lo contrario. Las familias se han endeudado durante muchos años, han visto derrumbarse el valor de sus inversiones, han visto caer el valor de la casa que habían comprado, han visto derrumbarse el valor de su fondo de pensiones, y todo esto endeudándose para mantener en pie casi el 75-80% del producto interior bruto americano. ¿Y todo esto por qué? Porque no se tenían hijos o no se dejaban nacer suficientes; está claro, y lo sabemos todos, que la tasa de crecimiento americano de la natalidad era levemente superior, pero ello se debía mucho también al proceso de inmigración latino-americana, que no ha sido suficiente para compensar las exigencias del PIB americano. En conclusión: hace muchos años pensábamos que no teniendo hijos nos habríamos convertido en más ricos, habríamos estado mejor. Ha sucedido exactamente lo contrario: no teniendo hijos, nos hemos convertido en más pobres y estaremos mal durante mucho tiempo si no conseguimos desinflar este sistema de endeudamiento y si no volvemos a dejar nacer al menos a los niños concebidos. |
domingo, 12 de diciembre de 2010
El Valor
| Autor: Marta Arrechea Harriet de Olivero | Fuente: Catholic.net | |
Curso: Las 54 virtudes atacadas Autora y asesora del curso: Marta Arrechea Harriet de Olivero Lección 16 y 17 El Valor y la Humildad |
El valor es una virtud que nos capacita y nos prepara al ánimo para enfrentar las dificultades, los peligros y los obstáculos que se nos presentan en la vida ayudándonos a superar el miedo.
El valor es hijo de la fortaleza, que lo asiste para resistir y afrontar los peligros que se presentan. La naturaleza humana, debido al instinto de conservación que le ordena cuidar su vida, responde ante el peligro y se defiende sintiendo miedo, porque advierte que algo grave o irreversible puede pasarle. Naturalmente, toma conciencia de la amenaza que tiene frente a ella y del riesgo que corre su vida o su persona.
Ser fuerte y valiente no es lo mismo que no tener miedo. El miedo es lícito. El valor es la virtud que vence al miedo cuando el motivo a defender lo vale. No es la ausencia del miedo, sino vencerlo porque la causa lo vale. Sirva como ejemplo de lo que decimos el texto de la carta que en medio del combate de la Guerra de las Malvinas en 1982 escribió el sargento Acosta (fallecido) para su hijo:
“PUERTO ARGENTINO 2/6/82.
Querido hijo Diego, ¿Qué tal muchacho? ¿Cómo te encuentras? Perdóname que no me haya despedido de ti, pero es que no tuve tiempo, por eso te escribo para que sepas que te quiero mucho y te considero todo un hombrecito y sabrás ocupar mi lugar en casa cuando yo no estoy. Te escribo desde mi posición y te cuento que hace dos días iba en un helicóptero y me bombardearon, cayó el helicóptero y se incendió, murieron varios compañeros míos pero yo me salvé, y ahora estamos esperando el ataque final.
Yo salvé a tres compañeros de entre las llamas. Te cuento para que sepas que tienes un padre del que puedes sentirte orgulloso y quiero que guardes esta carta como un documento por si yo no vuelvo, o si vuelvo para que el día de mañana cuando estemos juntos me la leas en casa.
Nosotros no nos entregaremos, pelearemos hasta el final y si Dios y la Virgen lo permiten, nos salvaremos. En estos momentos estamos rodeados y será lo que Dios y la Virgen quieran. Recen por nosotros y fuerza hasta la victoria final. Un gran abrazo a tu madre y a tu hermana, cuídalos mucho, como un verdadero Acosta.
Estudia mucho.
“VIVA LA PATRIA”
Cariñosamente.
Ramón Acosta.” (1)
Que una persona se anime solamente a enfrentar un peligro tampoco quiere decir que sea un valiente. Lo que hace que el valor sea virtud es la defensa de un bien mayor,como los jóvenes que, encontrándose ya a salvo y afuera, volvieron a entrar en la discoteca en llamas para salvar a los demás. O el salvavidas que se arroja a las aguas embravecidas del mar para salvar a una persona a punto de ahogarse. Como en estas y otras muchas circunstancias similares, cuando un hombre despega en un avión para combatir en una guerra sabiendo que probablemente no volverá pero que está defendiendo a su Patria, su soberanía y la causa lo vale, entonces el valor se convierte en heroísmo. Los argentinos contamos entre otros tantos héroes anónimos, con los aviadores de la Fuerza Aérea Argentina y de la Armada quienes escribieron una página de gloria, valor y coraje durante la guerra de las Malvinas en 1982, enfrentando con heroísmo y altísima moral al enemigo que debieron combatir.
A través de nuestras vidas tendremos cotidianamente oportunidades de desarrollar actitudes valientes sin necesidad de tener que estar arriesgando la vida, pero que necesitarán también su cuota de valor. Necesitaremos una buena cuota de valentía para examinar nuestra conciencia y confesarnos (y ver las miserias que no queremos ver). Para reconocer nuestras faltas ante terceros y pedirles perdón. Para corregir a nuestros empleados o subalternos cuando lo debemos hacer porque han faltado a su deber (y preferiríamos dejarlo pasar, jugar a ser amistosos y no decir nada). Para no hacer sistemáticamente la “vista gorda “cuando tenemos que enfrentar y tomar decisiones difíciles y desagradables. Para hablar cuando queremos callar. Para defender cuando la verdad o alguna persona es injustamente atacada (ya sea físicamente como verbalmente delante de otros o aún detrás de otros en una crítica o calumnia).
Callar cuando debemos hablar muchas veces es cobardía, que es la cara opuesta del valor. Puede haber otras causas para callar (como comodidad, falta de compromiso, falta de amor a la verdad, a la justicia etc.) pero en general es falta de valor, falta de temple o de animarse a exponerse a sufrir las posibles consecuencias. Esto ocurre en todos los ámbitos cuando tenemos que defender una posición comprometida o defender a una persona que tiene razón en lo que dice pero que es la única que sostiene esa posición. Esto se da habitualmente, y cada vez más, debido a la pérdida de las virtudes. Ya sea en una comisión de un club en donde un miembro de la comisión defiende solo la posición adecuada, o en el mismo ambiente parroquial en donde uno solo lucha contra la desacralización, o en un grupo de amigos en que uno solo detiene a los otros para no emborracharse o para no drogarse. La defensa de la Verdad, que es Dios, merece un llamado de atención aparte, ya que está expresamente mandada en el Evangelio. El mismo Jesucristo nos sentencia: “el que me defiende delante de los hombres Yo lo defenderé delante de mi Padre Celestial” y dos evangelistas lo citan. (Mt 10:32, Lc 9:6). El Señor lo marca como una actitud a recompensar, porque sabía que muchas veces iría acompañado del martirio cruento o incruento, y siempre de soledad e incomprensión. El primer deber de un cristiano es no renegar de su fe, pero el mayor es defenderla y confesarla públicamente para dar mayor gloria a Dios y edificar a otros. Y, para esto, además de fe, hace falta valor que se nos infunde en el Sacramento de la Confirmación.
La historia de la Iglesia desde su inicio está plagada de testimonios de personas que aceptaron con valor la muerte antes que negarlo a Cristo. La Iglesia de los primeros tiempos durante los tres primeros siglos fue la Iglesia de la persecución y del martirio. Los cristianos fueron perseguidos por orden de los 200 emperadores romanos. Celebraban el divino sacrificio de la misa en lugares oscuros y subterráneos que aún subsisten en Roma y se llaman las catacumbas. A partir de ahí, y durante estos XXI siglos millones de personas han sido asesinadas por no querer renegar de la fe cristiana. En la historia de los guerreros existieron dos tipos de conductas ante el peligro. Una era la de los hombres rudos, primarios y valientes hasta la temeridad, hombres endurecidos física y psíquicamente. Pero el modelo de valentía en la historia fue el caballero cristiano cuyo valor fue sublimado por una mística especial y fue encarnado magistralmente en el alma hispánica. El caballero cristiano era valeroso e intrépido. No se sentía miedo más que de Dios y de sí mismo y des sus miserias que podrían traicionarlo. Pero lo que hacía característica al alma hispana es que el caballero cristiano iba a la lucha y a la muerte sostenido por una idea, por un ideal o una convicción. Combatía por amor. Amor a Dios, a la Patria, a los suyos, a su hogar. La fortaleza del caballero y la tenacidad de sus convicciones nace en que él no toma sus armas de afuera, sino de adentro de sí mismo, de su propia convicción y de su propia conciencia. Es por ello que es capaz de levantar su corazón al cielo y sostenerlo ante cualquier obstáculo. De nadie espera la fuerza sino de Dios, y a nadie le teme sino a Él y a no permanecerle fiel. De ahí que el caballero cristiano no dude, no vacila como el hombre moderno, que anda por la vida como un náufrago buscando apoyo en tal o cual novedosa teoría o en la opinión de la mayoría.
El alma hispana cree en lo que piensa y piensa en lo que cree. El caballero cristiano sabía muy bien lo que había en juego (que era su propia vida) pero también sabía lo que defendía, de ahí que su aparente desprecio ante la muerte no fuese ni fatalismo, ni abatimiento, sino firme convicción religiosa que le dirigía la vida. Sabe que el paso sobre esta tierra es efímero y recuerda que hay un cielo que ganar y un infierno en donde podemos caer eternamente. Más tarde, a través de los siglos, millones de hombres tomarán el alma hispánica y cristiana como modelo a seguir para batallar en defensa de Dios, la Patria y los valores morales que ellos encarnan, dentro de los cuales los ejemplos máximos fueron los mártires.
Aún hoy, en el siglo XXI, en las guerras justas que se libran en defensa de la soberanía de una Nación o en contra del comunismo ateo hay sobrados ejemplos de aquel espíritu noble, hispano, dueño de sí y que está dispuesto a ofrecer su vida por bienes mayores. México con el martirio de sus cristeros y España con su millón de muertos en la Guerra Civil antes de rendirse al comunismo ateo han dejado escrito en el siglo XX, entre otros, páginas de gloria. La valentía necesita a su vez de la prudencia para no caer en laosadía que sería afrontar peligros desproporcionados a nuestras fuerzas sin ninguna reflexión, como pretender apagar el fuego de un edificio en llamas nosotros solos con unos matafuegos o enfrentar desarmados a diez malhechores con armas que nos asaltan en nuestra propia casa.
Otro exceso es la temeridad, que se arroja a los peligros sin ni siquiera haber considerado si el riesgo y las consecuencias lo valen. Si un padre de 7 hijos vive arriesgando su vida en un auto de carrera porque le gusta la velocidad, no será un valiente, será un temerario que se arroja a los peligros sin meditar y sin fundamento o motivos que lo justifiquen y además, un irresponsable porque su deber de estado le exige cuidar su vida para sostener su familia y educar a sus hijos. A lo sumo será valiente si, prendiéndose fuego el auto de un compañero que ha volcado en la carrera, detiene el suyo y entra para salvarlo. Si un piloto de un avión con doscientos pasajeros a bordo desafía el cruzar una tormenta sólo porque él lo decide así (desoyendo las advertencias de la torre de control) no será un valiente, sino un temerario asesino en potencia. El diablo ha “hecho que los hombres se enorgullezcan de la mayor parte de sus vicios, pero no de la cobardía” (2)
El coraje bien encauzado formará parte de la idiosincrasia militar y la muerte digna siempre será preferible y superior a la muerte de un cobarde, porque es preferible morir permaneciendo moralmente de pie que vivir de rodillas...ante los hombres...claro.
Notas
(1) “Dios en las trincheras”. Rev P. Vicente Martínez Torrens. Ediciones Sapienza. Pág 201.
2) “Cartas del diablo a su sobrino”. C. S. Lewis. Editorial bello. Pág 137.
martes, 26 de octubre de 2010
Jajajajaja
Solamente disfruto.
Solamente pienso.
Al pensar aumento mi sentimiento.
Al tener sentimientos me convenzo de mi mismo.
Hago, creo, muevo, realizo, digo, veo, añoro, deseo.
Me arrepiento, me resigno y para siempre me quedo ahí.
Solamente pienso.
Al pensar aumento mi sentimiento.
Al tener sentimientos me convenzo de mi mismo.
Hago, creo, muevo, realizo, digo, veo, añoro, deseo.
Me arrepiento, me resigno y para siempre me quedo ahí.
martes, 19 de octubre de 2010
Gracias por enseñarme. Sé feliz.
Solo quería decirte que la impresión que me queda, llevo y tengo de ti es otra.
Las opiniones de la gente a veces tienden a cambiar a las personas.
Muchas veces porque las pedimos, otras veces porque sin pedirlo tenemos los consejos, comentarios, criticas y expresiones de los demás.. Y sabes que?.. Siempre lo mas importante va a ser hacer lo que es correcto.
Aclaro, "lo que es correcto". Pero ¿como sabemos lo que es correcto?.
Lo sabemos porque es una decisión la cual va a traer un bien común. No solo un bien unipersonal, osea, solo para mi como única persona en el mundo; si no a todas y cada una de las gentes, cosas, y situaciones de vida.
Esto ya desde chico nos lo enseñan nuestros padres a travez de la educación que nos otorgan y no hay mejor educación que el ejemplo de vida; con el ejemplo de nuestros padres nos vamos formando una idea del mundo, de la vida, de las gentes. Las principales ramas de la educación se encuentran sustentadas del conjunto de valores que nos inculcan: Amor, amistad, perseverancia, lealtad, fidelidad, caridad, respeto, etc. Todos llevamos en mayor o menor medida inculcados cada uno de ellos los cuales forman el conjunto de nuestra persona.
La educación adquirida y el conjunto de valores los llevamos como carta de presentación que hace la mejor referencia de nosotros. Por eso es muy importante conservarlos, madurarlos, obtener otros y transmitirlos.
Contigo en lo particular he aprendido bastante de la vida, de las mujeres, de los hombres, de lo bueno y lo malo dentro de las relaciones interpersonales. Pero no quiero que pienses que todo lo reduzco a razonamiento, por el contrario; debido a mi temperamento tirado mas a lo emotivo siempre me voy mas por el lado de lo emocional, pero de alguna forma quiero darte las gracias, ya no de la manera cursi; sino mas bien de la manera real que marca la conciencia.
Ahora comprendo la frase "detrás de todo gran hombre hay una gran mujer".
Resulta que cuando uno como hombre conoce a una mujer por ella es capaz de superar sus mas terribles vicios y miedos. No es cuestión de hacerle al cuento o de aguantarse las cosas y defectos del otro, es cuestión de que ambos como pareja se alimenten uno al otro para crecer y superarse juntos y de esa manera crear un núcleo, Un complemento perfecto de almas enlazadas por el amor cuando este realmente existe.
No se debe tratar al amor bajo una perspectiva egoísta, como solo un "yo" o un "para mi". Tampoco con falsos sentimentalismos tirados a un mero "te amo" o a un "te bajo el cielo la luna y las estrellas" y al final demostrar lo contrario ya que esta clase de situaciones solo perjudican, empapan y dañan una relación tirándola a una serie de falsedades y promesas vacías. Hay que tratar de ser sinceros, escuchar y apoyar al otro y como pareja complementar la propia educación y valores con los que nos pueda aportar nuestro amado. Siguiendo este punto, se reafirman los lazos entre uno y otro y se conforma una pareja solida e inquebrantable.
A nosotros nos sucedió que Dios quería algo distinto para cada uno. Tu te fuiste por otro camino y encontraste tu felicidad. Yo me quedo en mi camino, pero jamas olvidare lo bueno que aprendí de ti..
Las opiniones de la gente a veces tienden a cambiar a las personas.
Muchas veces porque las pedimos, otras veces porque sin pedirlo tenemos los consejos, comentarios, criticas y expresiones de los demás.. Y sabes que?.. Siempre lo mas importante va a ser hacer lo que es correcto.
Aclaro, "lo que es correcto". Pero ¿como sabemos lo que es correcto?.
Lo sabemos porque es una decisión la cual va a traer un bien común. No solo un bien unipersonal, osea, solo para mi como única persona en el mundo; si no a todas y cada una de las gentes, cosas, y situaciones de vida.
Esto ya desde chico nos lo enseñan nuestros padres a travez de la educación que nos otorgan y no hay mejor educación que el ejemplo de vida; con el ejemplo de nuestros padres nos vamos formando una idea del mundo, de la vida, de las gentes. Las principales ramas de la educación se encuentran sustentadas del conjunto de valores que nos inculcan: Amor, amistad, perseverancia, lealtad, fidelidad, caridad, respeto, etc. Todos llevamos en mayor o menor medida inculcados cada uno de ellos los cuales forman el conjunto de nuestra persona.
La educación adquirida y el conjunto de valores los llevamos como carta de presentación que hace la mejor referencia de nosotros. Por eso es muy importante conservarlos, madurarlos, obtener otros y transmitirlos.
Contigo en lo particular he aprendido bastante de la vida, de las mujeres, de los hombres, de lo bueno y lo malo dentro de las relaciones interpersonales. Pero no quiero que pienses que todo lo reduzco a razonamiento, por el contrario; debido a mi temperamento tirado mas a lo emotivo siempre me voy mas por el lado de lo emocional, pero de alguna forma quiero darte las gracias, ya no de la manera cursi; sino mas bien de la manera real que marca la conciencia.
Ahora comprendo la frase "detrás de todo gran hombre hay una gran mujer".
Resulta que cuando uno como hombre conoce a una mujer por ella es capaz de superar sus mas terribles vicios y miedos. No es cuestión de hacerle al cuento o de aguantarse las cosas y defectos del otro, es cuestión de que ambos como pareja se alimenten uno al otro para crecer y superarse juntos y de esa manera crear un núcleo, Un complemento perfecto de almas enlazadas por el amor cuando este realmente existe.
No se debe tratar al amor bajo una perspectiva egoísta, como solo un "yo" o un "para mi". Tampoco con falsos sentimentalismos tirados a un mero "te amo" o a un "te bajo el cielo la luna y las estrellas" y al final demostrar lo contrario ya que esta clase de situaciones solo perjudican, empapan y dañan una relación tirándola a una serie de falsedades y promesas vacías. Hay que tratar de ser sinceros, escuchar y apoyar al otro y como pareja complementar la propia educación y valores con los que nos pueda aportar nuestro amado. Siguiendo este punto, se reafirman los lazos entre uno y otro y se conforma una pareja solida e inquebrantable.
A nosotros nos sucedió que Dios quería algo distinto para cada uno. Tu te fuiste por otro camino y encontraste tu felicidad. Yo me quedo en mi camino, pero jamas olvidare lo bueno que aprendí de ti..
lunes, 18 de octubre de 2010
Enseñar a Pensar
| Enseñar a pensar La verdad suplantada por ideologías: el pensamiento por el sentimiento Autor: Antonio Orozco | Fuente: Ideas Claras | |
No hace mucho tiempo, Juan Pablo II se dirigía a los jóvenes, en Francia, con las siguientes palabras: "¡Aprended a reflexionar más y más, aprended a pensar! Los estudios que hacéis deben ser un momento privilegiado de aprendizaje para la vida del espíritu ¡Desenmascarad los slogans, los falsos valores, los espejismos, los caminos sin salida!" ¿Acaso los humanos no estamos pensando siempre? El Papa parece indicar que no tanto como creemos. Pensar, ponderar, pondus. "Pensar" sugiere algo de peso: gravedad, consistencia, seriedad, solidez. Lo más grave ¿Qué es lo más grave que sucede hoy en día? Recuerdo una lección del profesor Leonardo Polo, en la que aseguraba que lo lo más grave que hoy sucede es que no sucede el pensar. Y a la vuelta de seis lustros parece que el diagnóstico sobre la situación de nuestra sociedad sigue siendo el mismo: se "pasa" de pensar. Julián Marías ha advertido que esta sociedad peca de omisión en el pensamiento. ¿Cuántos filósofos de finales del siglo XX - se pregunta-, serán estudiados en los manuales del siglo próximo? Esta crisis, aunque parcial, se manifiesta también en los hábitos del ciudadano medio: pocos leen un artículo de periódico que desarrolle algún tema de pensamiento; esto es frecuente incluso entre personas que tienen enmarcado un título universitario. La verdad suplantada por ideologías: el pensamiento por el sentimiento El pensamiento acerca de la verdad de las cosas ha sido sustituido por ideologías que hacen agua apenas nacen. De otra parte, lo que parece interesar más en la actualidad es no el pensamiento sino lo que alguien ha llamado con humor y acierto, "sensamiento". Se presta mucha atención a lo que "se siente", si se siente mucho o se siente poco, si lo siento o si no lo siento. Es un modo de vivir sobre fundamentos inconsistentes e inestables; un modo de discurrir un tanto irracional, porque procede de vacíos del alma y se desarrolla en la epidermis de la existencia, o en los espacios etéreos de la ficción o del formalismo verbal y la logomaquia. No se piensa en lo que hay y en lo que son en el fondo las cosas. No se piensa por ejemplo si esto o aquello es "medio" o "fin". Se renuncia a proseguir aquella tarea emprendida con tanto entusiasmo cuando éramos niños: averiguar hasta el último porqué de las cosas. ¿No es cierto -como escribió José María Albareda- que "hay algo en las cosas que las convierte en cautivadora estancia del pensar"? Sin embargo, lo que dijo San Anselmo, que "sólo unos pocos piensan en la verdad de las cosas", parece ser una constante histórica. Quizá suceda porque debemos "aprender a pensar" y no se enseña suficientemente, cuando ambas cosas constituyen un importante deber. En frase de Alejandro LLano, "pensar, enseñar a pensar, aprender a pensar, es la triple obligación de la inteligencia". Se trata sin duda de una obligación estrictamente moral, pues la razón es la facultad que Dios nos ha dado para descubrir el bien y regir toda nuestra conducta. ¿Por qué a menudo hay miedo a pensar, miedo a la luz y a la libertad del pensador auténtico? Quizá porque cualquier rayo de luz nos guía hacia el sol, y no siempre el hombre se encuentra dispuesto a interesarse por la fuente de la luz y de la vida que puede saciar su más profunda sed. En que consiste pensar bien "El pensar bien -dice Balmes, con acierto- consiste, o en conocer la verdad, o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas... "Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad? "El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Ciertos hombres tienen talento para ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discurrir con profusión, formando, como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes. "Otros adolecen del defecto contrario; ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino por un lado; si este desaparece, ya no ven nada. Estos se inclinan a ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen a los que no han salido nunca de su país: fuera del horizonte a que están acostumbrados, se imaginan que no hay más mundo. Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; le mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La conversación y los escritos de esos hombres privilegiados se distinguen por su claridad, precisión y exactitud. En cada palabra encontráis una idea, y esta idea véis que corresponde a la realidad de las cosas. Os ilustran, os convencen, os dejan plenamente satisfechos; decís con entero entendimiento: "sí, es verdad, tiene razón". Para seguirlos en sus discursos no necesitáis esforzaros; parece que andáis por un camino llano, y que el que habla sólo se ocupa de haceros notar con oportunidad los objetos que encontráis a vuestro paso. Si explican una materia difícil y abstrusa, también os ahorran mucho tiempo y fatiga (...) "Echase pues de ver que el arte de pensar bien no interesa solamente a los filósofos, sino también a las gentes más sencillas. El entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado el Criador, es la luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones; y claro es que uno de los primeros cuidados que debe ocupar al hombre es tener bien arreglada esta luz. Si ella falta nos quedamos a oscuras, andamos a tientas; y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No debemos tener el entendimiento en inacción con peligro de que se ponga obtuso y estúpido; y por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea buena para que no nos deslumbre, bien dirigida para que no nos extravíe" Es obvio que una de las más importantes facetas de la educación -si no la que más- es la del pensamiento, pues al intelecto toca regir la conducta humana toda, llevarla a buen fin, a buen puerto, al Fin final que da sentido a todo el existir |
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