| La baja natalidad es la base de la crisis económica Esta crisis tiene su origen en el hecho de que hemos negado la vida, no hemos tenido hijos, o además de no tenerlos, incluso los hemos matado, y por tanto hemos reducido el crecimiento de la población por debajo de los ritmos naturales Autor: Ettore Gotti Tedeschi | Fuente: http://www.forumvida.org | |
En las decenas de debates en los que he participado sobre la actual crisis económica en los últimos dos años, raramente he oído afrontar el problema de sus orígenes y de su realidad histórica. Por ello intentaré razonar sobre estos temas de una forma que no es habitual. El origen de esta crisis económica no reside en el uso equivocado de instrumentos financieros por parte de banqueros o políticos o financieros. Esta crisis tiene su origen en el hecho de que hemos negado la vida, no hemos tenido hijos, o además de no tenerlos, incluso los hemos matado, y por tanto hemos reducido el crecimiento de la población por debajo de los ritmos naturales, penalizando gravemente el crecimiento económico, el desarrollo, el bienestar. ¿Por qué razón estas cosas no se dicen? No de dicen porque se consideran de carácter moral. Y todo lo que es de carácter moral no se considera porque aparentemente no es científico. Como afirma también el Papa Benedicto XVI en la Caritas in Veritate, el origen de esta crisis es de carácter moral: se ha negado la vida. En el primer capítulo de la encíclica, el Papa recuerda las dos encíclicas de Pablo VI, Populorum Progressio (1967) y Humanae Vitae (1968). Pablo VI sugería que una lógica de desarrollo económico no podía prescindir del valor del hombre y por tanto del valor de la vida, y que el desarrollo debía ser integral para el hombre y no sólo material. De hecho, en la Caritas in Veritate, Benedicto XVI expone con una racionalidad extrema el hecho de que la consecuencia del no respeto a la vida y a un desarrollo integral del hombre ha generado una forma de nihilismo y un alejamiento de la cultura contemporánea de toda forma de verdad o de principio de referencia. Este reduccionismo ha influenciado a la economía, las finanzas, la política, hasta el punto de conseguir una forma de autonomía moral que se ha convertido en enemiga del hombre. Sobre las razones del derrumbe del desarrollo económico que ha llevado a esta crisis, ya en 1968, en la Universidad de Stanford, el profesor Paul Ralph Ehrlich comenzó a proponer una teoría neo-malthusiana suya según la cual si el crecimiento de la población hubiese continuado al ritmo de los últimos años, habría provocado un fenómeno que fue considerado aterrados en su momento: es decir, centenares de millones de personas antes del año 2000 habrían muerto de hambre por la falta de recursos. Algunos años después, en un libro titulado “Los límites del desarrollo”, elaborado y propuesto por el Club de Roma y por muchos otros círculos similares, volvía a proponer las profecías catastróficas de Ehrlich, sosteniendo que la tasa de crecimiento de la población era demasiado alta, que había que detenerla, de lo contrario decenas de millones de personas morirían de hambre antes del año 2000 en Asia, en China y en India. Imaginaos un poco: no sólo no han muerto de hambre, sino que han llegado a ser más ricos que nosotros, hasta el punto de sostener en pie nuestra economía. ¿Y quién ha producido esta riqueza? Ha sido precisamente el crecimiento de sus poblaciones. ¿Qué provoca un sistema económico que no tiene hijos? Me limito solo a mi conocimiento de los hechos y exclusivamente a las “cunas vacías”. Los “no nacimientos” provocan una forma de congelación del número de la población y en consecuencia el aumento de los costes fijos de una estructura económica. En los años 70 el mundo estaba dividido convencionalmente en cuatro grandes áreas: el mundo desarrollado, cerca de mil millones de personas, con Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa; después estaba el segundo mundo, el del bloque soviético; después estaba un mundo en vías de desarrollo; y finalmente, el cuarto mundo, en condiciones de grave subdesarrollo. En aquellos años, el llamado mundo desarrollado, a causa de las teorías neo-malthusianas, bloqueó el crecimiento de la población de un 4-4,5% a una bajada progresiva hasta el 0% de los años Ochenta, sobre todo en Europa, Estados Unidos, Canadá y Japón. ¿Sabéis que significa crecimiento cero? Uno piensa: ¡no se tienen hijos! No, crecimiento cero quiere decir que se tienen dos hijos por pareja, que es la tasa de sustitución. El crecimiento cero provoca la congelación del número de una población y cambia su composición: hay menos jóvenes que acceden al mundo del trabajo y de la productividad, y más personas que salen del mundo del trabajo por ancianidad. Esto provoca por un lado una menor productividad, un detenimiento del ciclo del desarrollo social, por tanto se casan menos parejas, menos parejas tienen hijos, y por otro aumentan los costes fijos. Porque las personas que envejecen tienen un coste mayor como pensiones y como sanidad, Este es un fenómeno que fue ignorado completamente. El crecimiento cero provoca la imposibilidad de reducir los impuestos porque aumentan los costes fijos: en 1975 el peso fiscal en Italia era del 25% del producto interno bruto, hoy es el 45%. El fenómeno de las cunas vacías no sólo frena completamente el crecimiento, sino que hace caer la tasa de acumulación del ahorro, porque una familia con un solo hijo tiende a no ahorrar, pierde motivaciones y no ve grandes perspectivas. ¿Qué hizo nuestra civilización desarrollada para compensar la caída del desarrollo consiguiente a la caída de los nacimientos? Llevó a cabo dos intervenciones concretas de carácter económico: el aumento de la productividad; y la deslocalización productiva. El aumento de la productividad a través de la innovación tecnológica, intentando producir más para hacer crecer más la tasa de desarrollo. La segunda estrategia fue la deslocalización productiva, es decir, la transferencia a Asia de una serie de producciones de bajo coste con el objetivo de obtener bienes que costaban menos y que hacían aumentar el poder adquisitivo. Pero tampoco esto bastó. Entonces se adoptó el llamado sistema de crecimiento a débito, haciendo endeudarse al sistema económico y sobre todo a las familias. Os doy dos números: desde 1998 hasta 2008 el endeudamiento del sistema “Italia” ha crecido del 200% al 300% del PIB, es decir, un 50%. Todo esto para sostener una tasa de crecimiento que prescindía completamente de los nacimientos y del crecimiento de la población. Pero fue aún peor en los Estados Unidos, cargados también por exigencias de presupuesto militar. En los últimos 10 años, desde 1998 hasta 2008, el peso del endeudamiento de las familias americanas sobre el PIB pasó del 68% al 96%, es decir, 28 puntos porcentuales. 28 dividido entre diez hace 2,8 al año de crecimiento debido completamente a la tasa de endeudamiento de las familias: es decir, las familias, para sostener los consumos y el crecimiento económico del PIB se han endeudado hasta un nivel insostenible. Las familias se han encontrado siendo ellas subsidiarias del Estado, en lugar de lo contrario. Las familias se han endeudado durante muchos años, han visto derrumbarse el valor de sus inversiones, han visto caer el valor de la casa que habían comprado, han visto derrumbarse el valor de su fondo de pensiones, y todo esto endeudándose para mantener en pie casi el 75-80% del producto interior bruto americano. ¿Y todo esto por qué? Porque no se tenían hijos o no se dejaban nacer suficientes; está claro, y lo sabemos todos, que la tasa de crecimiento americano de la natalidad era levemente superior, pero ello se debía mucho también al proceso de inmigración latino-americana, que no ha sido suficiente para compensar las exigencias del PIB americano. En conclusión: hace muchos años pensábamos que no teniendo hijos nos habríamos convertido en más ricos, habríamos estado mejor. Ha sucedido exactamente lo contrario: no teniendo hijos, nos hemos convertido en más pobres y estaremos mal durante mucho tiempo si no conseguimos desinflar este sistema de endeudamiento y si no volvemos a dejar nacer al menos a los niños concebidos. |
lunes, 13 de diciembre de 2010
La baja natalidad es la base de la crisis económica
domingo, 12 de diciembre de 2010
El Valor
| Autor: Marta Arrechea Harriet de Olivero | Fuente: Catholic.net | |
Curso: Las 54 virtudes atacadas Autora y asesora del curso: Marta Arrechea Harriet de Olivero Lección 16 y 17 El Valor y la Humildad |
El valor es una virtud que nos capacita y nos prepara al ánimo para enfrentar las dificultades, los peligros y los obstáculos que se nos presentan en la vida ayudándonos a superar el miedo.
El valor es hijo de la fortaleza, que lo asiste para resistir y afrontar los peligros que se presentan. La naturaleza humana, debido al instinto de conservación que le ordena cuidar su vida, responde ante el peligro y se defiende sintiendo miedo, porque advierte que algo grave o irreversible puede pasarle. Naturalmente, toma conciencia de la amenaza que tiene frente a ella y del riesgo que corre su vida o su persona.
Ser fuerte y valiente no es lo mismo que no tener miedo. El miedo es lícito. El valor es la virtud que vence al miedo cuando el motivo a defender lo vale. No es la ausencia del miedo, sino vencerlo porque la causa lo vale. Sirva como ejemplo de lo que decimos el texto de la carta que en medio del combate de la Guerra de las Malvinas en 1982 escribió el sargento Acosta (fallecido) para su hijo:
“PUERTO ARGENTINO 2/6/82.
Querido hijo Diego, ¿Qué tal muchacho? ¿Cómo te encuentras? Perdóname que no me haya despedido de ti, pero es que no tuve tiempo, por eso te escribo para que sepas que te quiero mucho y te considero todo un hombrecito y sabrás ocupar mi lugar en casa cuando yo no estoy. Te escribo desde mi posición y te cuento que hace dos días iba en un helicóptero y me bombardearon, cayó el helicóptero y se incendió, murieron varios compañeros míos pero yo me salvé, y ahora estamos esperando el ataque final.
Yo salvé a tres compañeros de entre las llamas. Te cuento para que sepas que tienes un padre del que puedes sentirte orgulloso y quiero que guardes esta carta como un documento por si yo no vuelvo, o si vuelvo para que el día de mañana cuando estemos juntos me la leas en casa.
Nosotros no nos entregaremos, pelearemos hasta el final y si Dios y la Virgen lo permiten, nos salvaremos. En estos momentos estamos rodeados y será lo que Dios y la Virgen quieran. Recen por nosotros y fuerza hasta la victoria final. Un gran abrazo a tu madre y a tu hermana, cuídalos mucho, como un verdadero Acosta.
Estudia mucho.
“VIVA LA PATRIA”
Cariñosamente.
Ramón Acosta.” (1)
Que una persona se anime solamente a enfrentar un peligro tampoco quiere decir que sea un valiente. Lo que hace que el valor sea virtud es la defensa de un bien mayor,como los jóvenes que, encontrándose ya a salvo y afuera, volvieron a entrar en la discoteca en llamas para salvar a los demás. O el salvavidas que se arroja a las aguas embravecidas del mar para salvar a una persona a punto de ahogarse. Como en estas y otras muchas circunstancias similares, cuando un hombre despega en un avión para combatir en una guerra sabiendo que probablemente no volverá pero que está defendiendo a su Patria, su soberanía y la causa lo vale, entonces el valor se convierte en heroísmo. Los argentinos contamos entre otros tantos héroes anónimos, con los aviadores de la Fuerza Aérea Argentina y de la Armada quienes escribieron una página de gloria, valor y coraje durante la guerra de las Malvinas en 1982, enfrentando con heroísmo y altísima moral al enemigo que debieron combatir.
A través de nuestras vidas tendremos cotidianamente oportunidades de desarrollar actitudes valientes sin necesidad de tener que estar arriesgando la vida, pero que necesitarán también su cuota de valor. Necesitaremos una buena cuota de valentía para examinar nuestra conciencia y confesarnos (y ver las miserias que no queremos ver). Para reconocer nuestras faltas ante terceros y pedirles perdón. Para corregir a nuestros empleados o subalternos cuando lo debemos hacer porque han faltado a su deber (y preferiríamos dejarlo pasar, jugar a ser amistosos y no decir nada). Para no hacer sistemáticamente la “vista gorda “cuando tenemos que enfrentar y tomar decisiones difíciles y desagradables. Para hablar cuando queremos callar. Para defender cuando la verdad o alguna persona es injustamente atacada (ya sea físicamente como verbalmente delante de otros o aún detrás de otros en una crítica o calumnia).
Callar cuando debemos hablar muchas veces es cobardía, que es la cara opuesta del valor. Puede haber otras causas para callar (como comodidad, falta de compromiso, falta de amor a la verdad, a la justicia etc.) pero en general es falta de valor, falta de temple o de animarse a exponerse a sufrir las posibles consecuencias. Esto ocurre en todos los ámbitos cuando tenemos que defender una posición comprometida o defender a una persona que tiene razón en lo que dice pero que es la única que sostiene esa posición. Esto se da habitualmente, y cada vez más, debido a la pérdida de las virtudes. Ya sea en una comisión de un club en donde un miembro de la comisión defiende solo la posición adecuada, o en el mismo ambiente parroquial en donde uno solo lucha contra la desacralización, o en un grupo de amigos en que uno solo detiene a los otros para no emborracharse o para no drogarse. La defensa de la Verdad, que es Dios, merece un llamado de atención aparte, ya que está expresamente mandada en el Evangelio. El mismo Jesucristo nos sentencia: “el que me defiende delante de los hombres Yo lo defenderé delante de mi Padre Celestial” y dos evangelistas lo citan. (Mt 10:32, Lc 9:6). El Señor lo marca como una actitud a recompensar, porque sabía que muchas veces iría acompañado del martirio cruento o incruento, y siempre de soledad e incomprensión. El primer deber de un cristiano es no renegar de su fe, pero el mayor es defenderla y confesarla públicamente para dar mayor gloria a Dios y edificar a otros. Y, para esto, además de fe, hace falta valor que se nos infunde en el Sacramento de la Confirmación.
La historia de la Iglesia desde su inicio está plagada de testimonios de personas que aceptaron con valor la muerte antes que negarlo a Cristo. La Iglesia de los primeros tiempos durante los tres primeros siglos fue la Iglesia de la persecución y del martirio. Los cristianos fueron perseguidos por orden de los 200 emperadores romanos. Celebraban el divino sacrificio de la misa en lugares oscuros y subterráneos que aún subsisten en Roma y se llaman las catacumbas. A partir de ahí, y durante estos XXI siglos millones de personas han sido asesinadas por no querer renegar de la fe cristiana. En la historia de los guerreros existieron dos tipos de conductas ante el peligro. Una era la de los hombres rudos, primarios y valientes hasta la temeridad, hombres endurecidos física y psíquicamente. Pero el modelo de valentía en la historia fue el caballero cristiano cuyo valor fue sublimado por una mística especial y fue encarnado magistralmente en el alma hispánica. El caballero cristiano era valeroso e intrépido. No se sentía miedo más que de Dios y de sí mismo y des sus miserias que podrían traicionarlo. Pero lo que hacía característica al alma hispana es que el caballero cristiano iba a la lucha y a la muerte sostenido por una idea, por un ideal o una convicción. Combatía por amor. Amor a Dios, a la Patria, a los suyos, a su hogar. La fortaleza del caballero y la tenacidad de sus convicciones nace en que él no toma sus armas de afuera, sino de adentro de sí mismo, de su propia convicción y de su propia conciencia. Es por ello que es capaz de levantar su corazón al cielo y sostenerlo ante cualquier obstáculo. De nadie espera la fuerza sino de Dios, y a nadie le teme sino a Él y a no permanecerle fiel. De ahí que el caballero cristiano no dude, no vacila como el hombre moderno, que anda por la vida como un náufrago buscando apoyo en tal o cual novedosa teoría o en la opinión de la mayoría.
El alma hispana cree en lo que piensa y piensa en lo que cree. El caballero cristiano sabía muy bien lo que había en juego (que era su propia vida) pero también sabía lo que defendía, de ahí que su aparente desprecio ante la muerte no fuese ni fatalismo, ni abatimiento, sino firme convicción religiosa que le dirigía la vida. Sabe que el paso sobre esta tierra es efímero y recuerda que hay un cielo que ganar y un infierno en donde podemos caer eternamente. Más tarde, a través de los siglos, millones de hombres tomarán el alma hispánica y cristiana como modelo a seguir para batallar en defensa de Dios, la Patria y los valores morales que ellos encarnan, dentro de los cuales los ejemplos máximos fueron los mártires.
Aún hoy, en el siglo XXI, en las guerras justas que se libran en defensa de la soberanía de una Nación o en contra del comunismo ateo hay sobrados ejemplos de aquel espíritu noble, hispano, dueño de sí y que está dispuesto a ofrecer su vida por bienes mayores. México con el martirio de sus cristeros y España con su millón de muertos en la Guerra Civil antes de rendirse al comunismo ateo han dejado escrito en el siglo XX, entre otros, páginas de gloria. La valentía necesita a su vez de la prudencia para no caer en laosadía que sería afrontar peligros desproporcionados a nuestras fuerzas sin ninguna reflexión, como pretender apagar el fuego de un edificio en llamas nosotros solos con unos matafuegos o enfrentar desarmados a diez malhechores con armas que nos asaltan en nuestra propia casa.
Otro exceso es la temeridad, que se arroja a los peligros sin ni siquiera haber considerado si el riesgo y las consecuencias lo valen. Si un padre de 7 hijos vive arriesgando su vida en un auto de carrera porque le gusta la velocidad, no será un valiente, será un temerario que se arroja a los peligros sin meditar y sin fundamento o motivos que lo justifiquen y además, un irresponsable porque su deber de estado le exige cuidar su vida para sostener su familia y educar a sus hijos. A lo sumo será valiente si, prendiéndose fuego el auto de un compañero que ha volcado en la carrera, detiene el suyo y entra para salvarlo. Si un piloto de un avión con doscientos pasajeros a bordo desafía el cruzar una tormenta sólo porque él lo decide así (desoyendo las advertencias de la torre de control) no será un valiente, sino un temerario asesino en potencia. El diablo ha “hecho que los hombres se enorgullezcan de la mayor parte de sus vicios, pero no de la cobardía” (2)
El coraje bien encauzado formará parte de la idiosincrasia militar y la muerte digna siempre será preferible y superior a la muerte de un cobarde, porque es preferible morir permaneciendo moralmente de pie que vivir de rodillas...ante los hombres...claro.
Notas
(1) “Dios en las trincheras”. Rev P. Vicente Martínez Torrens. Ediciones Sapienza. Pág 201.
2) “Cartas del diablo a su sobrino”. C. S. Lewis. Editorial bello. Pág 137.
martes, 26 de octubre de 2010
Jajajajaja
Solamente disfruto.
Solamente pienso.
Al pensar aumento mi sentimiento.
Al tener sentimientos me convenzo de mi mismo.
Hago, creo, muevo, realizo, digo, veo, añoro, deseo.
Me arrepiento, me resigno y para siempre me quedo ahí.
Solamente pienso.
Al pensar aumento mi sentimiento.
Al tener sentimientos me convenzo de mi mismo.
Hago, creo, muevo, realizo, digo, veo, añoro, deseo.
Me arrepiento, me resigno y para siempre me quedo ahí.
martes, 19 de octubre de 2010
Gracias por enseñarme. Sé feliz.
Solo quería decirte que la impresión que me queda, llevo y tengo de ti es otra.
Las opiniones de la gente a veces tienden a cambiar a las personas.
Muchas veces porque las pedimos, otras veces porque sin pedirlo tenemos los consejos, comentarios, criticas y expresiones de los demás.. Y sabes que?.. Siempre lo mas importante va a ser hacer lo que es correcto.
Aclaro, "lo que es correcto". Pero ¿como sabemos lo que es correcto?.
Lo sabemos porque es una decisión la cual va a traer un bien común. No solo un bien unipersonal, osea, solo para mi como única persona en el mundo; si no a todas y cada una de las gentes, cosas, y situaciones de vida.
Esto ya desde chico nos lo enseñan nuestros padres a travez de la educación que nos otorgan y no hay mejor educación que el ejemplo de vida; con el ejemplo de nuestros padres nos vamos formando una idea del mundo, de la vida, de las gentes. Las principales ramas de la educación se encuentran sustentadas del conjunto de valores que nos inculcan: Amor, amistad, perseverancia, lealtad, fidelidad, caridad, respeto, etc. Todos llevamos en mayor o menor medida inculcados cada uno de ellos los cuales forman el conjunto de nuestra persona.
La educación adquirida y el conjunto de valores los llevamos como carta de presentación que hace la mejor referencia de nosotros. Por eso es muy importante conservarlos, madurarlos, obtener otros y transmitirlos.
Contigo en lo particular he aprendido bastante de la vida, de las mujeres, de los hombres, de lo bueno y lo malo dentro de las relaciones interpersonales. Pero no quiero que pienses que todo lo reduzco a razonamiento, por el contrario; debido a mi temperamento tirado mas a lo emotivo siempre me voy mas por el lado de lo emocional, pero de alguna forma quiero darte las gracias, ya no de la manera cursi; sino mas bien de la manera real que marca la conciencia.
Ahora comprendo la frase "detrás de todo gran hombre hay una gran mujer".
Resulta que cuando uno como hombre conoce a una mujer por ella es capaz de superar sus mas terribles vicios y miedos. No es cuestión de hacerle al cuento o de aguantarse las cosas y defectos del otro, es cuestión de que ambos como pareja se alimenten uno al otro para crecer y superarse juntos y de esa manera crear un núcleo, Un complemento perfecto de almas enlazadas por el amor cuando este realmente existe.
No se debe tratar al amor bajo una perspectiva egoísta, como solo un "yo" o un "para mi". Tampoco con falsos sentimentalismos tirados a un mero "te amo" o a un "te bajo el cielo la luna y las estrellas" y al final demostrar lo contrario ya que esta clase de situaciones solo perjudican, empapan y dañan una relación tirándola a una serie de falsedades y promesas vacías. Hay que tratar de ser sinceros, escuchar y apoyar al otro y como pareja complementar la propia educación y valores con los que nos pueda aportar nuestro amado. Siguiendo este punto, se reafirman los lazos entre uno y otro y se conforma una pareja solida e inquebrantable.
A nosotros nos sucedió que Dios quería algo distinto para cada uno. Tu te fuiste por otro camino y encontraste tu felicidad. Yo me quedo en mi camino, pero jamas olvidare lo bueno que aprendí de ti..
Las opiniones de la gente a veces tienden a cambiar a las personas.
Muchas veces porque las pedimos, otras veces porque sin pedirlo tenemos los consejos, comentarios, criticas y expresiones de los demás.. Y sabes que?.. Siempre lo mas importante va a ser hacer lo que es correcto.
Aclaro, "lo que es correcto". Pero ¿como sabemos lo que es correcto?.
Lo sabemos porque es una decisión la cual va a traer un bien común. No solo un bien unipersonal, osea, solo para mi como única persona en el mundo; si no a todas y cada una de las gentes, cosas, y situaciones de vida.
Esto ya desde chico nos lo enseñan nuestros padres a travez de la educación que nos otorgan y no hay mejor educación que el ejemplo de vida; con el ejemplo de nuestros padres nos vamos formando una idea del mundo, de la vida, de las gentes. Las principales ramas de la educación se encuentran sustentadas del conjunto de valores que nos inculcan: Amor, amistad, perseverancia, lealtad, fidelidad, caridad, respeto, etc. Todos llevamos en mayor o menor medida inculcados cada uno de ellos los cuales forman el conjunto de nuestra persona.
La educación adquirida y el conjunto de valores los llevamos como carta de presentación que hace la mejor referencia de nosotros. Por eso es muy importante conservarlos, madurarlos, obtener otros y transmitirlos.
Contigo en lo particular he aprendido bastante de la vida, de las mujeres, de los hombres, de lo bueno y lo malo dentro de las relaciones interpersonales. Pero no quiero que pienses que todo lo reduzco a razonamiento, por el contrario; debido a mi temperamento tirado mas a lo emotivo siempre me voy mas por el lado de lo emocional, pero de alguna forma quiero darte las gracias, ya no de la manera cursi; sino mas bien de la manera real que marca la conciencia.
Ahora comprendo la frase "detrás de todo gran hombre hay una gran mujer".
Resulta que cuando uno como hombre conoce a una mujer por ella es capaz de superar sus mas terribles vicios y miedos. No es cuestión de hacerle al cuento o de aguantarse las cosas y defectos del otro, es cuestión de que ambos como pareja se alimenten uno al otro para crecer y superarse juntos y de esa manera crear un núcleo, Un complemento perfecto de almas enlazadas por el amor cuando este realmente existe.
No se debe tratar al amor bajo una perspectiva egoísta, como solo un "yo" o un "para mi". Tampoco con falsos sentimentalismos tirados a un mero "te amo" o a un "te bajo el cielo la luna y las estrellas" y al final demostrar lo contrario ya que esta clase de situaciones solo perjudican, empapan y dañan una relación tirándola a una serie de falsedades y promesas vacías. Hay que tratar de ser sinceros, escuchar y apoyar al otro y como pareja complementar la propia educación y valores con los que nos pueda aportar nuestro amado. Siguiendo este punto, se reafirman los lazos entre uno y otro y se conforma una pareja solida e inquebrantable.
A nosotros nos sucedió que Dios quería algo distinto para cada uno. Tu te fuiste por otro camino y encontraste tu felicidad. Yo me quedo en mi camino, pero jamas olvidare lo bueno que aprendí de ti..
lunes, 18 de octubre de 2010
Enseñar a Pensar
| Enseñar a pensar La verdad suplantada por ideologías: el pensamiento por el sentimiento Autor: Antonio Orozco | Fuente: Ideas Claras | |
No hace mucho tiempo, Juan Pablo II se dirigía a los jóvenes, en Francia, con las siguientes palabras: "¡Aprended a reflexionar más y más, aprended a pensar! Los estudios que hacéis deben ser un momento privilegiado de aprendizaje para la vida del espíritu ¡Desenmascarad los slogans, los falsos valores, los espejismos, los caminos sin salida!" ¿Acaso los humanos no estamos pensando siempre? El Papa parece indicar que no tanto como creemos. Pensar, ponderar, pondus. "Pensar" sugiere algo de peso: gravedad, consistencia, seriedad, solidez. Lo más grave ¿Qué es lo más grave que sucede hoy en día? Recuerdo una lección del profesor Leonardo Polo, en la que aseguraba que lo lo más grave que hoy sucede es que no sucede el pensar. Y a la vuelta de seis lustros parece que el diagnóstico sobre la situación de nuestra sociedad sigue siendo el mismo: se "pasa" de pensar. Julián Marías ha advertido que esta sociedad peca de omisión en el pensamiento. ¿Cuántos filósofos de finales del siglo XX - se pregunta-, serán estudiados en los manuales del siglo próximo? Esta crisis, aunque parcial, se manifiesta también en los hábitos del ciudadano medio: pocos leen un artículo de periódico que desarrolle algún tema de pensamiento; esto es frecuente incluso entre personas que tienen enmarcado un título universitario. La verdad suplantada por ideologías: el pensamiento por el sentimiento El pensamiento acerca de la verdad de las cosas ha sido sustituido por ideologías que hacen agua apenas nacen. De otra parte, lo que parece interesar más en la actualidad es no el pensamiento sino lo que alguien ha llamado con humor y acierto, "sensamiento". Se presta mucha atención a lo que "se siente", si se siente mucho o se siente poco, si lo siento o si no lo siento. Es un modo de vivir sobre fundamentos inconsistentes e inestables; un modo de discurrir un tanto irracional, porque procede de vacíos del alma y se desarrolla en la epidermis de la existencia, o en los espacios etéreos de la ficción o del formalismo verbal y la logomaquia. No se piensa en lo que hay y en lo que son en el fondo las cosas. No se piensa por ejemplo si esto o aquello es "medio" o "fin". Se renuncia a proseguir aquella tarea emprendida con tanto entusiasmo cuando éramos niños: averiguar hasta el último porqué de las cosas. ¿No es cierto -como escribió José María Albareda- que "hay algo en las cosas que las convierte en cautivadora estancia del pensar"? Sin embargo, lo que dijo San Anselmo, que "sólo unos pocos piensan en la verdad de las cosas", parece ser una constante histórica. Quizá suceda porque debemos "aprender a pensar" y no se enseña suficientemente, cuando ambas cosas constituyen un importante deber. En frase de Alejandro LLano, "pensar, enseñar a pensar, aprender a pensar, es la triple obligación de la inteligencia". Se trata sin duda de una obligación estrictamente moral, pues la razón es la facultad que Dios nos ha dado para descubrir el bien y regir toda nuestra conducta. ¿Por qué a menudo hay miedo a pensar, miedo a la luz y a la libertad del pensador auténtico? Quizá porque cualquier rayo de luz nos guía hacia el sol, y no siempre el hombre se encuentra dispuesto a interesarse por la fuente de la luz y de la vida que puede saciar su más profunda sed. En que consiste pensar bien "El pensar bien -dice Balmes, con acierto- consiste, o en conocer la verdad, o en dirigir el entendimiento por el camino que conduce a ella. La verdad es la realidad de las cosas... "Si deseamos pensar bien, hemos de procurar conocer la verdad, es decir, la realidad de las cosas. ¿De qué sirve discurrir con sutileza, o con profundidad aparente, si el pensamiento no está conforme con la realidad? "El buen pensador procura ver en los objetos todo lo que hay, pero no más de lo que hay. Ciertos hombres tienen talento para ver mucho en todo; pero les cabe la desgracia de ver todo lo que no hay, y nada de lo que hay. Una noticia, una ocurrencia cualquiera, les suministran abundante materia para discurrir con profusión, formando, como suele decirse, castillos en el aire. Estos suelen ser grandes proyectistas y charlatanes. "Otros adolecen del defecto contrario; ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino por un lado; si este desaparece, ya no ven nada. Estos se inclinan a ser sentenciosos y aferrados en sus temas. Se parecen a los que no han salido nunca de su país: fuera del horizonte a que están acostumbrados, se imaginan que no hay más mundo. Un entendimiento claro, capaz y exacto, abarca el objeto entero; le mira por todos sus lados, en todas sus relaciones con lo que le rodea. La conversación y los escritos de esos hombres privilegiados se distinguen por su claridad, precisión y exactitud. En cada palabra encontráis una idea, y esta idea véis que corresponde a la realidad de las cosas. Os ilustran, os convencen, os dejan plenamente satisfechos; decís con entero entendimiento: "sí, es verdad, tiene razón". Para seguirlos en sus discursos no necesitáis esforzaros; parece que andáis por un camino llano, y que el que habla sólo se ocupa de haceros notar con oportunidad los objetos que encontráis a vuestro paso. Si explican una materia difícil y abstrusa, también os ahorran mucho tiempo y fatiga (...) "Echase pues de ver que el arte de pensar bien no interesa solamente a los filósofos, sino también a las gentes más sencillas. El entendimiento es un don precioso que nos ha otorgado el Criador, es la luz que se nos ha dado para guiarnos en nuestras acciones; y claro es que uno de los primeros cuidados que debe ocupar al hombre es tener bien arreglada esta luz. Si ella falta nos quedamos a oscuras, andamos a tientas; y por este motivo es necesario no dejarla que se apague. No debemos tener el entendimiento en inacción con peligro de que se ponga obtuso y estúpido; y por otra parte, cuando nos proponemos ejercitarle y avivarle, conviene que su luz sea buena para que no nos deslumbre, bien dirigida para que no nos extravíe" Es obvio que una de las más importantes facetas de la educación -si no la que más- es la del pensamiento, pues al intelecto toca regir la conducta humana toda, llevarla a buen fin, a buen puerto, al Fin final que da sentido a todo el existir |
domingo, 17 de octubre de 2010
La Fe
| Virtud teologal infundida por Dios en el entendimiento, por la cual asentimos firmemente a las verdades divinas reveladas por la autoridad o testimonio del mismo Dios que revela. Autor: Marta Arrechea Harriet de Olivero | Fuente: Catholic.net | |
Curso: Las 54 virtudes atacadas Autora y asesora del curso: Marta Arrechea Harriet de Olivero Lección 1 En la segunda parte de la introducción a este curso profundizamos un poco más en lo que consiste propiamente la revolución anticristiana ideada por Antonio Gramsci y que hoy en día vemos ya las consecuencias. También Argumentamos la importancia de la familia núcleo esencial que ofrece al ser humano el afecto, la seguridad, la estabilidad, la identidad de roles varón, mujer, la educación en las virtudes y sobre todo caudal de gracias por la fuerza del sacramento del matrimonio. En esta lección iniciamos a estudiar y profundizar en cada una de las 54 virtudes. Lección 1: La fe Esquema de esta lección A. La fe B. Pecados contra la fe. La Fe Las virtudes teologales son tres: Fe, Esperanza y Caridad, y su fin es conducirnos a Dios. Son virtudes infusas, recibidas directamente de Dios en el Bautismo y nos acercan a Él. Su objetivo es unirnos íntimamente a Dios, llevarnos hacia Él, de ahí su excelencia. La fe es “una virtud teologal infundida por Dios en el entendimiento, por la cual asentimos firmemente a las verdades divinas reveladas por la autoridad o testimonio del mismo Dios que revela. (1) Dicho de otra manera, es la “adhesión de la inteligencia a la verdad revelada por Dios”. Es una luz y conocimiento sobrenatural por medio del cual, sin ver, podemos creer, lo que Dios nos dice y la Iglesia nos enseña. “Dios nos hace ver las cosas, por decirlo así, desde su punto de vista divino, tal como las ve Él. (2) Humanamente, sin ayuda sobrenatural, no podremos adquirirlas, de ahí la importancia del Bautismo donde se nos infunden. Es por eso que una persona no bautizada tendrá más dificultad en acceder a las verdades sobrenaturales que una que lo está. La fe es un don gratuito. Creemos en una verdad que nos llega de afuera y que no nace de nuestra alma. La fe nos viene desde el exterior y Dios nos invita a someternos libremente a ella para salvarnos. Algunos la tendremos desarrollada desde niños (debido a una sólida formación cristiana) otros la perderemos y la recuperaremos a través de nuestra vida y otros la invocaremos en el último instante de la muerte. Hoy se sabe que el oído es el último sentido que se pierde, de ahí la importancia de rezarle a los moribundos el acto de contrición al oído, ya que no sabemos con exactitud en el instante preciso en que el alma abandona el cuerpo. Dios puede, si quiere, detener el juicio de un alma hasta que ella acepte sus pecados y haga un acto de fe y de contrición, pero este es un secreto que quedará siempre en la intimidad de Dios y el alma. Lo que sí sabemos, porque la Iglesia nos lo enseña,es que es necesario este acto de fe interior para salvarse. “Quien creyere y fuere bautizado será salvo, más quien no creyere, será condenado” (Mc XVI, 16) afirmó Nuestro Señor en el Evangelio. El acto de fe interior a veces (para la tranquilidad de los que creemos y nos preocupamos del alma ajena) será público, otras veces no. Dios no hará responsables de no haberlo aceptado a quienes no lo hayan conocido (por ej: las tribus salvajes del África que tanto decimos que nos preocupan) precisamente porque para rechazar a alguien, primero, hay que reconocer que existe, y ellos no lo conocen. Tampoco lo conocen todos los pueblos a quienes la Verdad no les ha sido presentada. A ellos Dios no les pedirá cuentas, pero a nosotros sí, porque conociéndola, no hemos trabajado para difundirla y enseñarla. A cada uno nos juzgará con infinita justicia, en la exacta proporción de la formación que hayamos tenido, de las gracias que habremos recibido y de las que habremos rechazado. De ahí la importancia de enseñarles a los niños desde la más tierna infancia, a conocer a Dios para luego poder creer en Él, ya que, de las tres virtudes teologales infusas en el Bautismo, la fe es la fundamental. “Mejor tarde que nunca”, dice el refrán, pero es mejor temprano que tarde para conocer a Dios. Es por eso que la niñez es la etapa ideal, donde el aprendizaje es fácil, sencillo, y la inocencia acepta con docilidad lo que es simple, como que Dios es el Creador del Universo, que premia a los buenos y que castiga a los malos. Millones de religiosos y de laicos piadosos lo entendieron así durante veinte siglos, y muchos de ellos aceptaron hasta el martirio físico y espiritual para difundirla, lo que pertenece al capital de gloria de la Iglesia. Creer significa admitir algo como verdadero Creemos cuando damos fe a la autoridad del otro. En cambio, cuando decimos “creo que va a llover” o “creo que ha sido el día más agradable del verano” o “creo que merece la pena conocer el norte” expresamos simplemente una opinión.Suponemos que lloverá; tenemos la impresión de que hoy ha sido el día más agradable del verano, pensamos que vale la pena conocer el norte. Este punto es importante: una opinión no es una creencia. La fe implica certeza. Pero no toda certeza es fe. Cuando veo y comprendo claramente algo no es un acto de fe. No creo que dos más dos son cuatro porque es evidente, puedo comprenderlo y comprobarlo. Esto es comprensión y no creencia. Creencia o fe es la aceptación de algo como verdadero basándose en la autoridad de otro. Ej: nunca he visto un virus, pero como creo en lo que la ciencia dice y confío en ella es que creo en que el virus existe. Sé muy poco de física y nada de fusión nuclear pero, a pesar de que nunca he visto un átomo, creo en sus físicos que aseguran que se produce. No he visto el paso recíproco de los líquidos de distinta densidad a través de la membrana que los separa, pero la ciencia dice que el proceso de ósmosis se produce y creo en ella. Estos son todos actos de fe: conocimientos que aceptamos por la autoridad de otros en quienes confiamos. Hay tantas cosas que no comprendemos, y tan poco tiempo para comprobarlas personalmente, que la mayor parte de nuestros conocimientos se basan en la fe. A este tipo de fe se le denomina fe humana. Cuando nuestra mente acepta una verdad porque dios nos la ha manifestado nuestra fe se llama divina. Las autoridades humanas pueden equivocarse, como ocurrió en la enseñanza universal de que la Tierra era plana. Otras veces las autoridades humanas engañan y mienten como los dictadores comunistas a los pueblos por ellos sometidos o toda estructura de poder corrupta que manipula para sus bajos intereses a sus ciudadanos. Pero Dios es la Verdad y no debemos dudar en las verdades que Dios nos ha revelado. Por ello, la auténtica fe es siempre firme. Cuentan que un alpinista, desesperado por conquistar una alta montaña, partió solo hacia la cima. Llegó la noche y oscureció. La oscuridad le negó toda visibilidad y de pronto, llegando a la cima se resbaló y cayó en el precipicio. Durante los angustiosos segundos de la caída repasó toda su vida como una película... Ya pensando en la muerte que le esperaba sintió un tirón de la soga quedando colgado de la cintura a las estacas clavadas en la roca. De pronto exclamó: -“ ¡Ayúdame dios mío!”-... Y entonces se escuchó una voz grave y profunda de los cielos que le decía: -“ ¿Qué quieres que haga... ?”- -“Sálvame, Dios mío”-... contestó. -“ ¿Realmente crees que Yo soy capaz de salvarte...?”- -“¡Por supuesto dios mío! “. - -“ Entonces... corta la cuerda que te sostiene...”- Hubo un momento de silencio... Lo pensó... y el hombre se aferró más fuerte a la cuerda aún. A la mañana siguiente, el equipo de rescate encontró a un alpinista colgando muerto congelado, agarradas sus manos fuertemente a la soga a tan sólo 2 metros del suelo... Haciendo referencia a éste tan gráfico ejemplo debemos comenzar por aceptar que Dios se manifestó en la persona de Jesucristo, Verdadero Dios y Verdadero Hombre. Si yo creo que Cristo es Dios, entonces debo creer que sus enseñanzas son divinas. De ahí que, plantearse dudas sobre una verdad de fe revelada por Cristo sea cuestionar al mismo Dios y a su capacidad de ayudarnos. El cuestionar: “¿Habrá tres personas en Dios?” o “¿estará Jesús realmente presente en la Eucaristía?” es plantear la credibilidad de Dios y es negar su autoridad al habérnoslo enseñado como verdadero. Por la misma razón, la fe debe de ser completa. De la misma manera que al hacernos socios de un club debemos acatar las reglas ya impuestas por los fundadores, no podemos elegir las verdades que nos gustan de entre las que Dios ha revelado. Decir:”Yo creo en el cielo, pero no en el infierno” o “creo en el Bautismo, pero no en la confesión”, es igual que decir Dios puede equivocarse y yo no...por eso lo corrijo. O estamos dentro de la Iglesia de Cristo con los dogmas que El ha revelado o estaremos actuando como Lutero en el siglo XVI que decidió “elegir” en lo que quería creer y “protestó “contra lo que no, iniciando el desgarro protestante en las conciencias europeas con los saldos que aún hoy vivimos. Es posible creer en Dios de forma puramente natural incluso en muchas de sus verdades. Por ejemplo: observando la naturaleza, que nos habla de un ser superior con un poder y sabiduría infinita; o en el testimonio de quienes lo han podido ver (como los pastorcitos de Fátima que vieron a su madre). Una fe natural de este tipo es un paso para la auténtica virtud sobrenatural, que nos es infundida junto con la gracia santificante en la pila bautismal. Pero es sólo esta fe sobrenatural, que se nos infunde en el Bautismo, la que nos posibilita creer firme y completamente todas las verdades, aun las más profundas y misteriosas, que dios nos ha revelado. Sin esta fe los que hemos alcanzado el uso de razón no podríamos salvarnos. La virtud de la fe salva al niño bautizado, pero, a partir del uso de razón, debe haber también un acto de fe. Con la fe sobrenatural Dios nos comunica su vida íntima y los grandes misterios haciéndonos ver las cosas, por decirlo así desde su punto divino, tal como Él las ve. Eleva nuestro entendimiento para hacernos comprender verdades sobrenaturales y divinas que jamás hubiéramos podido llegar a percibir naturalmente. Es la que establece el primer contacto entre nosotros y Dios. Fuimos creados libres y responsables de nuestros actos. Nuestra voluntad debe aceptarlo, tratar de conocerlo, de amarlo y de cumplir sus mandamientos. Pero todoesto requiere trato e intimidad que lo lograremos frecuentando los sacramentos y mediante la oración. Según el tamaño del corazón que le presentemos y nuestras ansias de conocerlo es que recibiremos las gracias en la misma proporción. Dios respeta hasta sus últimas instancias la libertad del hombre, y permanecerá detrás de la puerta de nuestro corazón durante toda nuestra vida, llamándonos sí, pero jamás derrumbando la puerta. Él esperará que el picaporte lo giremos nosotros libremente, y no lo hará él por la fuerza. Dios se presenta con cuatro atributos: la Verdad, el Bien, la Justicia y la Belleza. Millones de almas lo han encontrado transitando alguno de estos cuatro caminos. Millones eligieron la belleza (aún dentro de construcciones pobres y simples pero siempre armoniosas porque respetaban las formas, las proporciones y los estilos) no sólo para expresarse, sino para glorificarlo y hacer que las almas se elevasen hacia Él. La Europa cristiana e Hispanoamérica son testigos de esta fe que durante siglos alimentó, elevó e inspiró al alma humana. Fue el creer que Dios era el Creador del Universo y que estaba presente en el sagrario lo que llevó a los hombres a través de los siglos a levantar millares de gloriosas Iglesias y Catedrales y todo el caudal de incalculable valor del arte sacro acumulado durante 20 siglos para darle a Dios el culto debido. En épocas más cristianas se proclamaba que todo se hacía para la “mayor gloria de Dios”. De ahí la búsqueda infatigable de la belleza, que es uno de sus atributos, y por lo tanto uno de los caminos que nos conducen a él. Nuestra naturaleza humana necesita de signos exteriores para elevarse y no importa el estribo o la escalera que le pongamos con tal de que el alma se eleve hacia Dios y no que planee hacia abajo. Es por eso que en los siglos de fe, se ofrecía a dios lo que el hombre tenía de más precioso y valioso. En toda Hispanoamérica, y especialmente en las ciudades y pueblos de Méjico, Perú o ecuador hasta en los pequeños pueblos del norte argentino (dentro de su sencillez) abundan cantidad de detalles de belleza que pertenecían al mundo de lo cotidiano. Piezas de orfebrería, obras de arte simples pero bellas, encajes y bordados en las estatuas de la Virgen coronadas de joyas. Los cristianos en general hacían hasta sacrificios financieros para honrar lo mejor que podían al altísimo. Todo esto contribuía a la oración, a generar un clima de lo sagrado, ayudaba al alma a elevarse. El sentido de lo sagrado y de la adoración a Dios y a su Madre quedaba entonces así grabado en el alma de los niños y los marcaban para siempre. Esto es natural en el hombre. La belleza nos eleva hacia Dios y nos lleva a pensar en Él. Hoy se nos embrutece. Se nos lleva y hasta se nos obliga a rezar y a escuchar misas en ambientes feos, en gimnasios o clubes de deportes (con sus aros de basquet en las paredes), carentes de toda belleza, que no se distinguen de los lugares públicos y a veces son aún peores. Lugares hechos a la medida del hombre y para su confort,no inspirándose en Dios y menos pensando en Él. La naturaleza del hombre necesita de signos exteriores para elevarse, y uno sale agobiado de una misa que trata de descendernos al nivel de los hombres en lugar de elevarnos a Dios. En épocas más cristianas, el camino de la fe estaba perfectamente trazado, se lo seguía o no se lo seguía. Se tenía fe, se la había perdido, o no se la había tenido nunca. Pero aquel que tenía fe, y el que, por el bautismo había entrado a pertenecer a la Iglesia católica renovado sus promesas de bautismo mediante el sacramento de la confirmación, sabía lo que debía creer y lo que no. Hoy, la mayoría de los católicos bautizados no lo saben. S.S. Juan Pablo II, en una alocución del 6 de Febrero de 1981 se expresó sobre el tema: “desde todas partes se han difundido ideas que contradicen la verdad que fue revelada y que se enseñó siempre. En los dominios del dogma y de la moral se han divulgado verdaderas herejías que suscitan dudas, confusión, rebelión. Hasta la misma liturgia fue violada. Sumergidos en un“relativismo” intelectual y moral, los cristianos se ven tentados por una ilustración vagamente moralista, por un cristianismo sociológico sin dogma definido ni moral objetiva”. La caída de la práctica religiosa en estos últimos 50 años es gran parte responsabilidad del espíritu satánico que se introdujo en la Iglesia y que levantó sospechas sobre toda la vida eclesiástica de tiempos pasados, de su enseñanza y su moral como estilo de vida. Durante siglos, todo se levantaba sobre los mismos catecismos que transmitían la fe inmutable de la Iglesia fundada por Jesucristo y reconocida por todos los episcopados. La fe se construía sobre certezas, y esas verdades inamovibles se tomaban, (porque se las reconocía como palabras del Hijo de Dios), se dejaban, ,(porque resultaban indiferentes), o se combatían,(porque generaban odio o rechazo). Hoy, los padres constatan que, aún enviando a sus hijos al catecismo ya no se les enseñan las verdades de la fe más elementales como: el Juicio Final, la Santísima Trinidad, el misterio de la encarnación, el pecado original, o la Inmaculada Concepción. Esto genera una tremenda sensación de inestabilidad e inseguridad, como si nos movieran el centro de gravedad, porque una cosa es alejarse libremente de la casa del padre, sabiendo que uno puede irse y volver, y otra muy distinta es que se nos enseñe ahora que la casa del padre, puede o no existir porque de tanto en tanto el padre se muda...Y...si uno lo necesita no se sabe bien en donde hay que ir a buscarlo... La fe se ha convertido así en un concepto vago, indefinido, que ya no nos sirve para vivir porque relativiza las verdades esenciales. Al negar los dogmas de fe, en la Verdad revelada todo puede ser o no ser. La caridad se ha transformado en una especie de solidaridad internacional que reparte alimentos o medicamentos, y la esperanza es la de poder vivir mejor en este mundo. Nada de todo esto tiene el ingrediente sobrenatural que viene de Dios. Esta no es la doctrina católica que sacia porque no corresponde exactamente a las aspiraciones del alma humana según Dios la pensó y la creó. Pero es el plan de Satán para el hombre tan bien expresado en “las cartas del diablo a su sobrino” cuando lo adoctrina para perder a las almas y le dice: “nuestra tarea consiste enalejarles de lo eterno y del presente”...(3) Satán aleja al hombre de lo eterno combatiendo la fe y fomentando el laicismo y el ateísmo en todas sus facetas, y del presente alejándolo de la realidad, alejándolo de todo lo natural y por lo tanto todo lo real y sumergiéndolo en un mundo virtual y por lo tanto irreal desde la infancia especialmente a través de la literatura, del cine, de la televisión, de los video juegos e Internet. Esta falta de fe del mundo actual se refleja en nuestras actitudes en relación con Dios. Como no se les enseña en general en los colegios ni en el catecismo a los niños y jóvenes la majestad de Dios, tampoco tiene sentido hacer la genuflexión bien hecha y respetuosa. Entramos a la Iglesia y nos sentamos como quien entra a un local cualquiera. La genuflexión bien hecha ya no es tan practicada por una gran mayoría de fieles y se la va reemplazando poco a poco por una inclinación de cabeza o simplemente nada. La gente entra a una iglesia y se sienta. Aquí se comprueba una voluntad de modificar las relaciones del hombre con Dios hacia la familiaridad, la desenvoltura, ir tratando poco a poco que el trato con Dios sea de igual a igual. Se van suprimiendo todos estos gestos de respeto que materializan la “virtud de la religión” y apuntalan la fe y el debido respeto a lo sagrado. Gestos externos que nos recuerdan la presencia real del Creador y soberano en el sagrario y evangelizan tanto a quienes nos observan realizarlos. Esta actitud de tratar a Dios como a un igual, con esa familiaridad, esa desenvoltura y falta de señales de respeto (que no es otra cosa que falta de fe) es lo que hizo exclamar a un protestante:” Si yo creyera...lo que ustedes los católicos dicen creer...que el Dios vivo está escondido con su presencia real en el Sagrario, yo acamparía de rodillas ante el Santísimo...”. Valga a su vez como ejemplo cristiano la anécdota de un santo sacerdote ante un grupo de turistas en Europa que le preguntaron al entrar que era lo más importante de la Iglesia. El sacerdote los llevó en silencio ante el santísimo y los hizo ponerse de rodillas diciéndoles: “Aquí estamos ante lo más importante de la Iglesia. Estamos ante el mismo Dios”... Todo este ambiente de falta de fe, abre las puertas a la invasión de sectas, de hindúes, del yoga y del zen, de la nueva era o del new age que podrán ser atractivas a quienes no conocen el esplendor de la nuestra, pero que será una gran responsabilidad ante Dios para los que conocimos la Verdad y hemos permitidoapostatar de ella a tantos. La ritualidad es buena, pero si la vaciamos de contenido no se sostiene en el tiempo, que es lo que ahora nos sucede y por eso la revolución anticristiana arrasa con nosotros. Esta Iglesia clandestina dentro de la misma Iglesia es lo que expresa tan bien el diablo viejo cuando alecciona a su sobrino y le dice. “en la actualidad, la misma Iglesia es uno de nuestros grandes aliados. No me interpretes mal; no me refiero a la Iglesia de raíces eternas, que vemos extenderse en el tiempo y en el espacio, temible como un ejército con las banderas desplegadas y ondeando al viento. Confieso que es un espectáculo que llena de inquietud incluso a nuestros más audaces tentadores; pero, por fortuna, se trata de un espectáculo completamente invisible para esos humanos”...(4) Los pecados contra la fe son: El ateísmo, que es negar la existencia de Dios. Se agrava cuando lo propagamos públicamente burlándonos y persiguiendo al creyente, a Dios y a sus representantes. La blasfemia, es la palabra injuriosa y ofensiva contra Dios o contra los santos, sobre todo la que va contra el Espíritu Santo, que puede llegar hasta los hechos. En nuestra querida Argentina, que nació católica, el gobierno de la ciudad de Bs. As autorizó una muestra de arte en el antiguo convento franciscano de la Recoleta, tan ofensiva en contra de Dios y de la Iglesia (donde el “artista” hizo su apología y burla del Santo Padre, de Jesucristo y de su Iglesia) que la Iglesia, para desagraviar la ofensa, pidió a los católicos argentinos un día entero de ayuno. La apostasía, que es el abandono público y total de la fe cristiana recibida en el Bautismo y de lo que ella enseña como bueno según la ley de Dios. Cuando es voluntario es el mayor de los pecados después del odio a Dios. (Habiendo conocido al Dios verdadero, manifestado y revelado en Jesucristo, el Hijo de Dios, la corriente de pensamiento materialista propio del mundo actual ha elegido adorar a falsos dioses como el poder, la fama, el éxito, el dinero, la técnica, la ciencia, el confort, etc). Europa que nació cristiana no sólo legisla desde hace años en contra de la ley divina, (divorcio, aborto, matrimonios entre homosexuales, eutanasia, etc), sino que, ignorando el clamor del papa Juan Pablo II, acaba de sancionar la constitución europea en la que ni siquiera nombra al Hijo de Dios, negando hasta sus raíces. Esto se extiende a los gobiernos de los países del occidente cristiano quienes poco a poco han dado voluntariamente la espalda a Cristo y no quieren que Él reine más en la sociedad ni aceptar su soberanía sobre las almas de las personas. Los cristianos apostamos cuando apartamos la mirada de Cristo y nos volvemos a otros lugares en busca de paz y seguridad. La crisis es profunda, en el fondo esuna crisis de fidelidad a nuestra fe, una crisis de seguimiento a Cristo. La crisis de los católicos no fue provocada por los fieles a la palabra empeñada sino por los que abdicamos de mantener nuestras promesas del bautismo. Es una crisis de seguimiento a la persona de Jesucristo como el Hijo de Dios, y la respuesta a esta crisis es una mayor fidelidad a nuestra fe, porque si nosotros, que tenemos cierta formación corremos el riesgo de apostatar... ¿Qué será de los jóvenes criados en un ambiente psicoanalítico, sin dogma ni principios morales, y sin ningún conocimiento de la historia de la Iglesia? Notas: (1) “Teología de la perfección cristiana”. P. Royo Marín. editorial Bac. pág 474. (2) “Teología de la perfección cristiana”. P. Royo Marín. editorial Bac. pág 475. (3) “Cartas del diablo a su sobrino”. C.S.Lewis. editorial Andrés Bello. pág. 81. (4) “Cartas del diablo a su sobrino”. C.S. Lewis. editorial Andrés Bello. pág. 29. |
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